sábado, 27 de junio de 2009

Autolamentos que me invadís, tristezas que mi morada tomasteis como cabeza...

Tijeras, alicates. Celofán, metáforas, libros a los que les faltan muchas hojas.

Demasiadas palabras que se quedan fuera, mientras el ruido de fondo es anulado por ideas incoherentes, banales... que sólo me hacen reír a mí y a nadie más - aunque al menos yo me río a carcajadas. Horas después me vuelven a parecer tan estúpidas como siempre, lo cual seguramente sea síntoma de alguna clase de daño mental. Un largo y poderoso camino de ocultación para que nada salga a la superficie consciente.

Antes creía que la televisión era la mayor fuente de distracción que existía. Pero ahora sé que cada cerebro es capaz de provocar el mismo efecto sin necesidad de suministro eléctrico externo. Simplemente con su imaginación, ¡esa bendita fuerza!, y nada más.

Lo bello no siempre es bueno, no siempre, no siempre, no siempre...

Pensar y pensar. Rellenar de estupideces cada segundo. Encadenarse a ideas fragmentarias, que nunca lograrán engancharse unas con otras formando una estructura narrativa coherente.

Y lo peor es cuando esto se realiza no entre pequeñas palabras e ideas, sino con todas las herramientas disponibles en un esplendoroso combate de fuegos artificiales efímeros y vanidosos.

...

Ya ni siquiera recuerdo qué estaba queriendo decir. Pero qué más da.

Estoy equivocado, muy equivocado, acerca de mí mismo. Acerca de mis sueños, que me mienten cada noche y me torturan con realizaciones de deseos que jamás podré cumplir en la práctica. En vez de permitirme sonreír, como antes, ahora me hunden y me corroen el alma al recordarme lo que jamás alcanzaré.

Y pienso en el suicidio, en sus múltiples formas, mientras reconozco ante mí que esos pensamientos son como un ácido que va destruyendo mi cerebro. Pero ya me da igual. Ni siquiera voy a dar forma a esos pensamientos, yo sólo me quedo en la superficie lacerante.

"Es terrible reconocer que se ha fracasado". Fracasado, sí, ¿pero en qué exactamente? Ni siquiera puedo responder a esta pregunta. Sólo sé que yo antes tenía objetivos, pero que ya no los recuerdo o al revisarlos me parecen absurdos. Un examen detallado de la cuestión es tan doloroso que ya ni siquiera me molesto en repasar esas cosas.

Vuelvo de nuevo a la autolamentación y a darme cabezazos contra estas palabras que ya ni siquiera soy capaz de domar, y que me explotan en la cara cuando intento emitirlas.

...

Recuerdo que en algún momento quise ser escritor... pero esto es todo a lo que he llegado.

Es patético.

No hay comentarios: