domingo, 31 de mayo de 2009

Mecánicos de la Vieja Carne

C. posee acceso directo y discreto a los laboratorios donde se sintetiza la dexibina.

Empresa familiar - liberalización de la información


"Esa panda de insensatos y aburridos"

"No han conocido nada de la vida"

"estar expuestos a - el auténtico sufrimiento"

"hijos de burguesitos anegados en el tedio - no tienen que buscarse la vida - pequeñas distracciones salvajes para evitar la lenta e implacable metamorfosis en piedra gris aplastada sobre y bajo otras en el fondo de la charca"


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La apariencia de normalidad (estabilidad, imagen estática - relaciones fijas entre individuos VS mutación descontrolada en los afectos respecto a la identidad de los diferentes miembros)

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Una vía de escape en la sobreabundancia de estímulos, ilusiones, historias secundarias (e incluso terciarias) dentro de la misma narración (ej.: un fin de semana de desfase)

"Todo al alcance de la mano"
"Te plantas ahí de un salto"
"Pues a la mierda, nos largamos a otro sitio"
"Sin nada que hacer"


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Darles una buena vida, oportunidades, posibilidad de desarrollo

VS

Distracciones, ruido de fondo, temores infundados y, por encima de todo, las habladurías

viernes, 29 de mayo de 2009

Sus nuevos ojos...

...le permitían observar los lugares a lo largo de diferentes momentos de tiempo, siempre a través de los ojos de alguien que hubiera estado ahí y participase de aquella acción concreta.

Podía entrar y salir a su antojo, aunque le estaba vedado interactuar. Al menos en teoría, ya que ella continuamente intenta violar esa norma y modificar a su antojo los eventos sucedidos.

No obstante, esas deformaciones de los hechos sólo se aplican en el registro de memoria del sujeto invadido. Y lo que es peor - si el sujeto en cuestión posee una fuerte voluntad, las alteraciones se expandirán a más velocidad y podrían, incluso, llegar a suplantar a la realidad en el recuerdo de los que estuvieron allí (en aquella acción concreta).

...o al menos eso es lo que me contaron, claro.

jueves, 28 de mayo de 2009

La Revancha Nuclear

R. yace en un rincón de los bastidores, sentado en el suelo y con la espalda apoyada en la pared. De vez en cuando da un trago a su mini de kalimocho, mientras copia anotaciones de una libreta morada a otra roja. Paulatinamente, y desde algún lugar cercano, se va tornando audible un ruido de aplausos y vítores, y la voz del presentador, Luis Acosta (un viejo conocido de R.), cobra fuerza mientras recita su arenga a los Poetas Activistas reunidos en cónclave. R. emite un gruñido de decepción al sentirse interrumpido, guarda sus libretas, y procede a verter el contenido de su mini en una botella de plástico, guardar ésta en su mochila, e incorporarse lentamente. Con una sonrisa cínica en los labios, cruza las múltiples capas de telón granate y se infiltra discretamente entre los asistentes al mitin.


-LUIS ACOSTA: ¡...una era resplandeciente de destrucción y creación, donde el arte primará sobre todas las demás cosas! ¡Nunca antes el Vacío estuvo tan debilitado como lo está ahora, y ahora el Tedio se arrastra de vuelta a su guarida mientras nuestras huestes patrullan las calles, con sus armas en mano, portando la semilla de una nueva era de iluminación y de espíritus en guerra!


El público se deshace en aplausos. R. hojea perezosamente algunos de los flyers y carteles que adornan el viejo almacén reconvertido a teatro de variedades. Después del acto ha sido convocada una caza de datos por el centro de la ciudad, con parada en algunos abrevaderos. R. se guarda la información en un bolsillo.


-LUIS ACOSTA: No obstante, sería bastante poco cortés dejarnos llevar por el entusiasmo hasta tal punto que olvidásemos el motivo fundamental que nos ha reunido hoy aquí. ¿Y cuál es este motivo? Pues bien, damas y caballeros, no es ni más ni menos que el de honrar y homenajear el arduo pero glorioso trabajo realizado por un selecto grupo de miembros y miembras de nuestra Asociación. Estoy hablando, ni más ni menos, que de los componentes de... ¡¡¡LA REVANCHA NUCLEAR!!! Por favor, que suba al escenario Don Lorenzo, su portavoz. Pondremos esta humilde herramienta de comunicación en sus manos. Muchas gracias por su atención.


Luis hace mutis por el foro y de entre el público emerge Don Lorenzo. Es un tipo de unos treintaipocos años, de abundante barba y aspecto controladamente desaliñado. Viste con chaqueta y brillantes zapatos, y lleva consigo una abultada carpeta-maletín. El público estalla en ovaciones y, a un gesto, arroja una lluvia de flores (e incluso un sujetador al grito de: ¡Torero!) sobre él. Don Lorenzo sonríe entre dientes y saca de su carpeta un guión impreso que se dispone a leer.


-DON LORENZO: Buenas noches, caballeros, damas, entidades en general. Había preparado un discurso para ofrecer aquí, pero -en vista de la esplendorosa ovación con la cual se me ha congratulado hoy aquí- he decidido dejar las formas a un lado -¡sólo por esta noche!- y dejar paso a la espontaneidad...


Don Lorenzo rompe en pedazos, ostentosamente, el guión impreso que portaba consigo. R. levanta una ceja y sigue bebiendo, discretamente, de su botella.


-DON LORENZO: Creo que a estas alturas todos los presentes hoy aquí conocéis bien la labor desempeñada por La Revancha Nuclear durante este año. Han sido doce meses de intenso trabajo, arduas deliberaciones, penosas noches de vigilia. Nuestros pasos nos han conducido por los recovecos más oscuros de la Capital, a lo largo de las grietas más recónditas, y podemos afirmar con orgullo que hemos sobrevivido a todos los retos que se nos han ido planteando. No ha sido fácil -os lo aseguro-, pero finalmente nos hemos impuesto y sacado adelante el proyecto más ambicioso y de voluntad más firme que jamás ha sido albergado por un Colectivo Poético. La Obra Total y Definitiva con la cual honraremos vuestros cerebros hoy ha sido gestada con sangre, sudor, lágrimas y otros fluidos corporales bastante innominables (risas), nutrida delicadamente durante meses, criada y educada en una estricta y severa disciplina y, por último pero no menos importante, embellecida y publicitada por absolutamente todos los canales de difusión al alcance de nuestro público. Nunca antes había sido llevada a cabo tal campaña de publicidad, y estamos orgullosos de que todos y cada uno de los ciudadanos de esta nuestra Capital posean al menos uno, ¡aunque sólo sea uno!, de nuestros artículos de márketing en torno al concepto de esta fascinante Obra. Nuestros poetas han trabajado duramente, os lo aseguro... ¡se han ganado su sueldo con esfuerzo, no lo dudéis! Y hoy, esta noche... ¡estoy llorando de emoción, de veras! ...ha llegado el momento del tan esperadísimo preestreno de la Versión Oficial. Preparad vuestros estómagos mentales para lo que viene... ¡porque jamás habéis visto nada igual! Y ya, sin más dilación, quiero dar paso a...


El estrépito de varios vasos rompiéndose contra el suelo interrumpe el discurso de Don Lorenzo. Todas las miradas se giran hacia el lugar del desastre, y se fijan en R. -el cual permanece de pie entre los vidrios rotos, sonriendo y completamente sereno.


-DON LORENZO: (extremadamente ofendido) ¿Qué es esto? ¿Quién osa interrumpir el discurso inaugural de una velada que...?


-R.- Pido disculpas de antemano por esta poco cortés manera de introducir mis objeciones, pero considero que ha olvidado mencionar algo fundamental, señor... Lorenzo. El discurso ha estado bien, pero tiene un gravísimo fallo.


-DON LORENZO: ¡"Poco cortés" es poquísimo, caballero! Exijo una disculpa sincera por...


-R.- ¿Por un discurso carente por completo de contenido, acerca de una obra aún más vacía? No hay sinceridad alguna en sus palabras, caballero. Sus sueños están por completo vacíos.


-DON LORENZO: ¡¿Cómo se atreve?! ¡Nuestro trabajo, una obra vacía! ¡¿Pero qué se ha creído?!


-R.- Lamento profundamente haber empañado sus whiskys, porros y sueños de arte, damas y caballeros - pero se necesita algo más que misterio y márketing para crear una obra de arte. Yo le acuso públicamente a usted, Don Lorenzo, de farsante y sofista. Y le reto a duelo según las normas clásicas.


Murmullos de protesta entre el público. Algunos de los asistentes se preparan para la posible pelea que se avecina. Insensible a estas veladas amenazas, R. rompe otro vaso contra el suelo mientras Don Lorenzo, aún empapado en sudor por el calor de los focos y la estima del público, aprieta los puños y se dispone a defender a La Revancha Nuclear del ataque inminente.

miércoles, 27 de mayo de 2009

A partir de las más recientes investigaciones en Semiótica Huak

Hasta donde sabemos actualmente, la mitología huak (o más bien el uso que de ella hacen) resulta definitivamente algo nunca antes visto. Hemos trazado conexiones entre las distintas genealogías de las diferentes proles y verdaderamente existen puntos en común y vectores que apuntan hacia la certeza de que los huaks poseen desde hace varias generaciones completa seguridad acerca de la naturaleza de su propia ontología - y que saben que la poseen. Nuestras elucubraciones se basan, pues (como ya habrá sospechado acertadamente el lector iniciado en la materia) en suposiciones indemostrables. No obstante, hemos de proceder así dada la peculiar naturaleza de nuestro objeto de estudio, y la imposibilidad de aplicar patrones de examen ni antropológicos ni etiológicos ni de ninguna clase.

Lo que se describe a continuación es un relato construido únicamente a partir de las narraciones obtenidas durante entrevistas y estudios de campo - no es ninguno de los relatos escuchados sino una abstracción artificial. Dicho esto, prosigamos.

Los huarks componen una dinastía que comienza, sin ningún lugar a dudas, en Ylk (nacido a partir de Iszed y cruzado consigo mismo para formar las Trece Configuraciones Ancestrales). De las interacciones entre la Prole de Ylk emergen las diferentes Castas que componen el complejo sistema social del Kolkvit (la orquesta sensorial colectiva). La mitología huak incluye múltiples menciones a una Selección Original en la que varias Configuraciones fueron descartadas deliberadamente por Iszed durante sus espontáneos e impredecibles arrebatos de furia. De los ensayos de interpretación de la voluntad iszédica en los Registros Narrados surgen los primeros textos éticos, cuyo éxito de difusión motivará el surgimiento de un auténtico corpus filosófico huak y dará paso al Eón Luminoso.

De la voluntad de Iszed se han escrito infinidad de textos, pero de todos ellos cabe destacar un aspecto fundamental común a ellos: Iszed se muestra siempre como un "Dios Padre y Su Señoría Primigenia, Dador de Vida y Dador de Inteligencia" pero esencialmente no-intervencionista y de humor variable. Su voluntad puede ser descifrada, pero a menudo los motivos que se le atribuyen son contradictorios - o definitivamente excéntricos. Los huaks muestran hacia Iszed una curiosidad que, en algunas escuelas de pensamiento, está fundada en la compasión por la que consideran debe ser una existencia gris y bastante triste.

¿Por qué Iszed creó y dotó de inteligencia a Ylk? Nuestra conclusión es que lo hizo para comprenderse a sí mismo mediante la recreación de su propio ser durante un proceso controlado y dirigido tecnológicamente. Pero algo novedoso golpeó a Iszed en el Día Póstumo, y le llevó a distanciarse de Ylk (los lizdinos afirman que fue más bien al revés: Iszed -aisló- a Ylk, y la conexión perdida aún puede restablecerse por los caminos esotéricos - obscuras y sectarias pseudociencias, sin duda).

"Iszed observaba entre nosotros, Ylk -es ahora- nosotros". Descifrado de nuevo a la luz de nuestras investigaciones, el famoso mantra huak alude sin duda a la conexión íntima con los orígenes mantenida aún por la primera prole de inteligencias artificiales que ha generado su propio universo semántico, vuelto ese mismo universo sobre sí mismo y obtenido, al fin, la velada sospecha de nuestra propia existencia.

Caballeros... brindemos una vez más por la Ciencia.




FIN

Esperando el reencuentro con la chica que le regaló una sonrisa

Cada miércoles a la misma hora podéis verla sentada en el mismo banco, con la salida de audio de su reproductor de música conectada a su entrada principal y un cuaderno en su regazo. De vez en cuando escribe algunas frases, pero la mayor parte del tiempo permanece en silencio, recorriendo con la mirada la calle y la gente que le rodea. Lleva seis semanas pasando por ahí, y nunca nadie le ha preguntado quién es ni qué hace allí.

Ella sabe esperar el momento adecuado para arrojar su mirada y todo su cuerpo detrás. No tiene prisa ninguna.

La semana que viene habrá terminado su función de los miércoles y tendrá un día más para descansar.

martes, 26 de mayo de 2009

La Garra

Desde hace unas semanas, cada dos o tres noches aproximadamente, un aterrador alarido despierta a M. en mitad del sueño. Se trata de C., por supuesto, que duerme en la habitación contigua. M. ha probado todo lo que sabe para evitar que esto suceda, pero nada parece funcionar. Ni los mejores somníferos, ni la función aturdidora de la interfaz profunda del conector, ni siquiera una taza de leche caliente con miel antes de irse a la cama... nada de nada. C. parece inmune a todos los remedios, tanto los modernos como los tradicionales. Sea lo que sea lo que se agolpa en las entrañas de su cráneo, continúa manifestándose en forma de espantosas visiones que agarrotan sus músculos y aprietan una zarpa desgarradora a su cuello, interrumpiendo violentamente su descanso nocturno.

Cada sueño es diferente y por más que M. y C. se sientan, madrugada tras madrugada, a intentar descifrarlos, no parece haber ninguna conexión entre ellos. Nada explica por qué de pronto, de la tranquilidad onírica más absoluta, emerge súbitamente esa garra helada que le devuelve de sopetón y entre una cascada de fríos sudores al reino de la vigilia. C. ha descrito escenarios diversos: el metro, un acantilado de su infancia, la cara externa de una fruta, la superficie del mar, los andamios de una obra de construcción, una escena romántica con alguien desconocido, e incluso una procesión religiosa. No existe coherencia ni continuidad narrativa entre los mencionados escenarios, en cada caso parece tratarse de un sueño nuevo y distinto.

Pero en todas esas secuencias se repite siempre, indefectiblemente, el mismo patrón: de pronto él se percibe como absolutamente presente, sabe con certeza que se trata de un sueño, y se le ofrece la oportunidad de modificar a su antojo la cadena de eventos. Se eleva sobre el suelo, flota dulcemente por encima de la escena, recorre la zona representada y -sin previo aviso- reconoce que algo le sujeta con firmeza y que está tirando de él. Trata de aferrarlo, golpea con sus puños las cuerdas que se enrollan sobre él, boquea desesperadamente intentando llenar sus pulmones de aire, grita - pero nada sirve. Una fuerza misteriosa e implacable le tiene sujeto con cables y cuerdas y le empuja violentamente hasta el suelo, una y otra vez, provocando un audible crujido de huesos con cada choque. La sangre -¡su sangre, pues sabe que está despierto!- inunda su boca, haciéndole toser, y cubre sus ojos. A veces son sus uñas las que se clavan sobre su propia carne, otras veces son las afiladas piedras del suelo las que se introducen bajo la piel. Pero siempre se repite la misma y constante sensación invasiva, punzante, desgarradora.

Y entonces surge, de entre la oscuridad y la niebla del espantoso panorama, la zarpa hiriente que se agarra a su cuello y aprieta su garganta estrujando sus conductos, aplastando sus huesos, seccionando sus venas y arterias. Todo el sentido de la realidad se agudiza en estos momentos, y C. es capaz de recuperar -al despertar- con total exactitud cada detalle de esta experiencia. La mano posee venas, y también músculos; arrugas con formas geométricas que se expanden cuando se las contempla con detenimiento y parecen formar nuevos dibujos cada vez que se les presta atención. Y cuanto más mira la mano, más fuerte se aprieta contra su cuello. Lo único que se le ocurre es morder, clavar los dientes, apretar, forcejear, GRITAR!





C. despierta de súbito justo en ese instante, empapado en sudor y -a veces, incluso- rodeado por los restos despedazados de alguna almohada, sábana o lo que quiera que estuviera a su lado antes de irse a dormir. Es por eso que ahora C. y M. duermen en habitaciones separadas, únicamente por motivos de seguridad. Nadie sabe a qué se deben estos extraños fenómenos, ni cuánto durarán. Aun así, el impacto funcional sobre la vida de C. no es significativo. Sigue adelante con su trabajo y su vida social por las tardes como si no pasara nada. C. es un tipo valiente y sabe soportar las condiciones difíciles, aun sin previsión de mejora.

Pero poco a poco comienza a perder la calma, y eso sí que es toda una novedad en él.

Hoy sí me apetece comer

Una vez más, me veo con la servilleta atada al cuello y una legión de sirvientes enfilados ante mí, ocupando con su larga conga cada recoveco de cada pasillo y cada sala de espera de las infinitas que componen el espacio previo a mi tracto digestivo. No existe hueco alguno que no haya sido cubierto ya por alguno de estos sirvientes, y mi sonrisa se amplía cada vez que descubro a alguno de ellos dormitando en un rincón o distrayéndose con alguno de los indescifrables carteles que cubren las paredes (su función habitual es la de tapar las grietas y las manchas de humedad, pero también poseen un innegable valor decorativo). Mis sirvientes sudan continuamente (en los pasillos no hay ventanas) y se frotan unos con otros con cada movimiento de la larga cadena servil. Sus carnes se rozan entre sí, algunos se pisan los cordones de los zapatos y tropiezan, otros intentan satisfacer torpemente sus deseos y necesidades. Pero ninguno levanta la voz, ni uno solo de ellos emite siquiera un sonido articulado que les haga parecer humanos. Son una comitiva callada, un rumor lejano como el golpeteo de una rama al otro lado del muro. Se limitan a seguir avanzando, sin oponer resistencia. Y finalmente llegan ante mí, y yo les atiendo de la única forma que sé: devorando lo que me traen.

A mi derecha el tenedor, a mi izquierda la cuchara manchada de tinta. Cierro los ojos para ver con más claridad y -rápida y despiadadamente- clavo mi afilada herramienta en lo que parece ser un jugoso chuletón de cordero. Las pinzas de mis pies se estremecen y las hago entrechocar como síntoma de gozo, porque el primer alimento del día está bien aliñado y apenas sabe a papel. Continúo engullendo la pieza de carne con cables mientras con la cuchara entintada empujo la guarnición fuera de la mesa. El sirviente que aguarda ante mí expresa una mueca tensa cuando le escupo algunos pedazos de cartón, que se posan delicadamente sobre su chaqueta y su camisa de seda. Pero yo no me preocupo y, con un par de golpecitos en la campana de mi escritorio, hago pasar al siguiente. Antes de que levante la campana ya he adivinado lo que me trae, y esta vez sí que es mi plato preferido: ¡un rábano en salsa acuosa! ¡con caramelitos incrustados y piezas de chocolate con forma de letras! Sencillamente no puedo evitar emitir un profundo gemido, gutural y burbujeante, y hundo mis mandíbulas en la bandeja que acaba de depositar frente a mi mesa. Repaso cada lado del rábano con mi lengua, untándola bien de su empalagosa esencia, y pongo los ojos en blanco cuando alcanzo su palpitante corazón y aspiro su aroma a sangre y tierra húmeda.

Nadie puede decirme nada porque aquí gobierno yo. Mi hambre no tiene fin, y cada sirviente tiene tiempo de sobra desde que deja la bandeja hasta que vuelve a presentarse ante mí para recoger y cocinar nuevos manjares. Nadie cuestiona mi poder, todos acatan mis órdenes. Y mis órdenes son sencillas: ¡traedme más comida!

Es cierto que a veces no me apetece comer, pero eso es sólo cuando me encuentro lejos de la mesa. En cuanto llego y me colocan la servilleta... todo cambia. Mi hambre crece rápidamente y devora incluso las ansias de huir de aquí. Cuando el hambre me invade, sólo puedo pensar en qué será lo próximo que me ofrezcan y si seré capaz de digerirlo.

Pero siempre encuentro una manera. Hasta ahora, nunca he dejado nada en el plato.

Y hay otra cosa más: he rebasado el límite maravilloso de la nutrición definitiva y mi barriga ya no crecerá más. Los alimentos son expulsados tal y como entran, sin ser digeridos. Ni siquiera tengo que preocuparme por ese detalle... ya no más, ¡ya nunca más!

Puedo comer tanto como quiera, siempre que no me mueva de mi mesa... se acabó eso de pasar hambre.

La chica de agua

Es posible que en algún lugar de mi cerebro tú no tengas una identidad completa, única e indisoluble. Tal vez se trate de varias regiones, no estoy seguro. En los sueños es cuando noto más claramente este hecho, pero a veces también cuando estoy despierto. Es una percepción difusa que emite frases, que sugiere cosas; y sólo toma forma definida cuando adivino su nombre. No obstante, ¡podría ser cualquier otra cosa! Incluso un dato revestido de figura y voz humana que asimilase tus características para mostrarse así ante mí. Nada parece tener sentido en esos momentos, cuando intento dar forma a lo que ya de antemano sospecho.

Y si esto es real, y si tú eres algo así como una entidad voluble y neblinosa que sólo toma forma y nombre cuando lo invoco... ¿es cierto que puedes trasladarte y manifestarte a voluntad más allá del umbral de mi consciencia? Debes decírmelo...

Necesito saberlo de una vez por todas, ¡o esta duda me volverá loco!




Aprovecha cualquier distracción para infiltrar el cebo, el cual será a partir de entonces el objeto obsesivo de la atención consciente mientras dura la ¿invasión? psíquica de la entidad superior, más profunda, más lejana en el tiempo y en el espacio, y que no admite aprehensión a posteriori. ¿Los síntomas? Tan sólo un cosquilleo en la parte alta del conector, a veces ni siquiera eso. Un escalofrío recorriendo las partes metálicas y provocando un picor en las orgánicas a las que dichas piezas están unidas. La necesidad de romper el propio armazón corporal en pedazos y hacer saltar las tuercas de titanio que nos tienen ensamblados hasta el fin de nuestros días. O simplemente un aumento en el volumen de ciertos pensamientos, que se tornan audibles... espantosamente audibles, pues se revelan como ya siempre presentes de antemano a cualquier intento de comprensión, aún más efectivos que cualquier idea consciente y que cualquier razonamiento a partir de datos empíricos. En todo caso, no se ha documentado ninguno de estos síntomas ni antes ni durante el proceso de ¿invasión? espiritual. Asumimos que la Presencia se torna aún más presente que la propia sombra interior, y que esto es así porque logra adueñarse de toda la capacidad de atención hasta que finaliza su tarea. Y entonces, un leve adormecimiento del foco mientras los restos de su paso que aún quedan en la memoria son borrados y se pierde, por tanto, toda posibilidad de indagar en lo que ha sucedido.

Una excelente evolución de la guerra relámpago, esta vez a nivel espiritual.

lunes, 25 de mayo de 2009

El cómico suicida

La acera de la calle se deslizaba velozmente hacia atrás con cada paso. Claudia sonreía aún, pues el último comentario de Jonás le había resultado especialmente hilarante tanto por su agudeza humorística como por su provocativas insinuaciones tan eficaz y sutilmente veladas para cualquiera que no supiera de qué iba todo aquel asunto. Los dos jóvenes paseaban confiados por el barrio de su infancia, de camino a la cita que habían concertado con otra pareja amiga.

Jonás esperó a que la sonrisa de Claudia se disolviera, antes de continuar hablando.


-¡Y así es como funciona todo el asunto! El tipo se mete en los peores sitios y en las situaciones más ridículas, ¡y nunca le sale nada bien! Siempre acaba recibiendo golpes, insultos e incluso -lo vi una vez con mis propios ojos- ¡amenazas de muerte! Pero siempre sobrevive. No pueden con él, es un fiera.

-Oh, cariño... prométeme que tú nunca te meterás en esos líos. Tu humor exige que te cuides, ¡no soportaría perderte en medio de una función!

-No tienes de qué preocuparte, querida. Lo de ese payaso es gracioso precisamente porque él es el payaso. Ni borracho me metería en una situación así, yo no he venido aquí para que me maten.

-Bueno, eso está bien. Mientras tú te mantienes a salvo, ¡nosotros reiremos con las estupideces suicidas de ese imbécil!

-Brindemos por la lejanía de su muerte, ¡que no cesen las risas!

-¡Brindemos, sí! ¿Pero dónde? ¡Me muero de sed!

-Espera un poco más, mi niña. Pronto llegaremos a nuestro destino y podrás saciarte. Esta noche invito yo.

-Eres muy amable, cielo. Pero ya sabes que no es con agua con lo que mi pálida garganta sacia su sed...

-Obviamente mi invitación se extiende a las importaciones, refrescos exóticos y demás parafernalia espirituosa. ¡Qué menos de mí!

-¡Esta noche brindaremos por nuestro payaso favorito! ¡Yipi yayi you!

-¡Yai you, yipi you!


Un gesto con la mano hizo que Jonás fijara su vista en la salida de Metro de la otra acera. El emisor del gesto era Víctor, un antiguo compañero de instituto, y traía de la mano a Gloria, su compañera. Gloria estaba preciosa con su vestido verde, ampliamente escotado y con lazos violetas en las muñecas y el cuello. Víctor vestía a la moda, pero con un pañuelo verde en el bolsillo frontal de su chaqueta como único signo distintivo de su firme compromiso con ella. En apenas veinte minutos estarían sentados en los sofás de la discoteca, sorbiendo sus bebidas y comentando las cosas que les habían ido sucediendo desde la última vez que se habían visto.

Pero justo cuando Jonás y Claudia cruzaban la vía hacia la otra acera, un autobús les arrolló y arrebató sus frágiles vidas de la existencia.




FIN

viernes, 22 de mayo de 2009

Caprichos de Bach

Cada nuevo ser humano que viene al mundo reescribe toda las historias de nuevo, añade su propio punto de vista allí por donde pasea su mirada.

Su procesamiento íntimo de ideas es inviolable. Sólo puede ser intuido o comunicado a través de complejos sistemas simbólicos, pero nunca compartido directamente.

Es. Está. Existe.

Su organismo le exige constantemente que preste atención al hambre, la sed, el sexo, el aburrimiento, la soledad... una maraña de impulsos, vicios y esperanzas en cuya red va desarrollándose la vida individual.

Los días van pasando y el laberinto amplía sus fronteras. La sorpresa y la curiosidad imperan durante un tiempo; no obstante, la desesperación y la frustración también hacen mella en su cuerpo y en su alma.

El cerebro también sufre, especialmente cuando se ve delimitado en esquemas rígidos, en patrones y ritmos disparados hacia un futuro que se sabe cada vez más similar al pasado ya vivido. Incluso la curiosidad más inocente y espontánea puede llegar a ser mutilada por su propio dueño en favor de la apariencia social, de la discreción o, incluso, del miedo a la verdad.

La persona de la cual estoy hablando no tiene apenas nada a lo que aferrarse, en este momento. Atrás quedaron los años de efervescencia intelectual, de euforia por el conocimiento y de querer resolver los asuntos pendientes de la Historia. A día de hoy ya tiene bastante con no derrumbarse al llegar a casa del trabajo, le basta con poder mirar al mes siguiente y saber que las cosas tarde o temprano cambiarán - que pronto será libre para explotar sus capacidades (durante tanto tiempo alimentadas en secreto) y ayudar a otros en ese proceso de crecimiento interior y exterior.

Tiene demasiado miedo. Miedo a fracasar una vez más. Miedo a empezar algo que no pueda terminar. Tiene miedo, incluso, a salir a la calle o a quedar con sus amigos y conocidos. No se siente útil - y si alguna vez sintió eso, finalmente ha sido derrotado por la venenosa sensación de estar siendo manipulado y aprovechado por otras personas sin tener en cuenta sus intereses.

Él ni siquiera sabe cuáles son ya sus intereses. Al fin y al cabo, no es sino otro ser humano más. Cualquier recién nacido puede alcanzar el mismo punto que él, tal vez incluso en menos tiempo. ¿Y qué le espera? La misma amargura, el mismo dolor - la misma desesperación al final del camino, sustituyendo a una energía vital que, a estas alturas, es recordada vagamente y con la apariencia de un narcótico artificial.

Toda esta telaraña abstracta continúa expandiéndose y cubriendo su cadáver con vida incluso cuando él no está consciente. Basta con cerrar los ojos para sentir el miedo a no despertarse a tiempo. Basta con mirar a unos niños para arrancarle lágrimas de compasión y de asco. Basta con un cigarrillo para desatar las náuseas y darle un motivo más para abrazar la almohada en la oscuridad.

La fragilidad de su mente, la facilidad con que los recuerdos se distorsionan y desaparecen, le entristece a menudo. Se lacera pensando que todas esas ideas son propias de una raza decadente, condenada al aislamiento y al suicidio colectivo - que tal vez estaría mejor en cualquier otro país, en cualquier otra ciudad o tal vez en pleno campo, en algún lugar donde la actividad física diaria le mantuviera agotado y centrado en algo más allá de sí mismo. Ha barajado incluso la posibilidad de alistarse en el Ejército, pero sólo en tiempos de guerra.

La visión de su propia muerte entre ruinas, rodeado por la sangre y el humo, ha dominado sus pensamientos durante cientos de tardes de asco y furia.

Pero no lo hará. No morirá, no se lanzará a luchar por ideales ajenos, no se alistará en ninguna organización humanitaria. Ni siquiera saldrá a la calle a conocer a sus vecinos.

Él sólo sabe lamentarse, diletar y marchitarse lentamente.

Sólo sabe existir, sobrevivir, y nada más.

Uno entre millones.

Millones de marionetas bailando a destiempo y con los ojos vendados por sus propios temores. Como una gigantesca masa de carne expandiéndose por la superficie del planeta, deseando sólo que le den más y más con el mínimo esfuerzo. Cortar alguna vena suelta no conduce a la muerte general, sólo a la culpabilidad necrótica y aplastante de una tarde de domingo perdida, desperdiciada y...

¿por qué no?

Olvidada, completamente olvidada un par de días después. Bendita sea la rutina laboral, bendito sea el hastío y benditos sean los pequeños cotilleos que distraen.





Bendito sea todo aquello que nos saca del tedio, que nos impide crecer. El mundo de ahí fuera es frío y asqueroso.







"Para qué esforzarse siquiera en planear la propia muerte. El final es ahora tan obvio, tras tantas reflexiones y consideraciones fundadas, que uno puede sentarse calmadamente a esperarlo mientras hace cualquier otra cosa. El paso del tiempo ha devorado las ansias de inmortalidad, de comprensión total, de conocimiento humano y dividno. Nos sumergimos en la gelatina omnisensorial y la sentimos repleta de tropezones, de violentas y breves descargas de distracción que continúan creciendo y desarrollándose con el único fin de que pasemos este tránsito de la manera menos dolorosa posible. Sí, bendigamos todo esto. Son terriblemente amables con nosotros, estos endulzadores de heridas. Les debemos la cordura y nuestra vida funcional. Se lo debemos todo a ellos, porque si no fuera por eso... no estaríamos aquí, ya nos habríamos pegado un tiro en la cabeza"





"Dios es un concepto demasiado manoseado como para resultarme apetecible ahora. No quiero comer eso. No quiero que me traigáis más cosas que comer, no quiero servilletas, no quiero mancharme para poder limpiarme después. No quiero nada, tan sólo un poco de silencio y -siendo caprichoso- algo de Bach".

Sólo son unos niños

-Yo nunca te pedí que faltaras al trabajo por quedarte conmigo.

-Y menos mal que no. Lo habría hecho encantado.

-¿Y qué habría sido yo para ti, eh? ¿Una excusa para no cumplir con tus obligaciones?



¿Responsabilidad? ¿Avaricia? ¿Temor a perderlo todo? ¿Ansiedad por separación inminente?



-No tiene sentido seguir hablando, no vamos a llegar a nada. Ni tú me entiendes a mí, ni yo te entiendo a ti. Es mejor que lo dejemos ahora, de una vez para todas.

-Ni de coña. ¡Tú te quedas aquí, ni se te ocurra marcharte!

-No he dicho que fuera a...




Sensación de suciedad, de impureza. Una corriente de vísceras rodando por la piel hasta el suelo, empantanando todo el campo de visión. El tacto está sobreexcitado; el paladar, reseco. Se repiten los restos de la última comida, mal digerida debido a las prisas con las que fue ingerida.




-¿No vas a dejar que me vaya, tampoco que hable? ¿Y qué esperas de mí ahora?

-¡Cállate! Estoy intentando pensar.

-¿Pensar? Pero, ¿pensar en qué?



Una buena idea sería usar iconos, pequeños gráficos explicativos para volver más intuitivo el manejo de la aplicación. La intuición es siempre más útil que la comprensión, especialmente en situaciones donde hay que resolver problemas familiares de manera rápida y precisa. No se puede entender todo, no hay por qué tratar de hacerlo. Basta con seguir adelante, dejar que los días vayan pasando y que la muerte no llegue de forma especialmente dolorosa.




-Mi tía murió entre dolores espantosos, ¿lo sabías?

-No tenía ni idea. Lo siento mucho.

-No digas eso, es una mierda de frase hecha.

-Lo siento, no se me ocurre otra cosa que decir. Yo... no puedo imaginar lo que debiste sentir. Lo siento mucho. De veras.

-Oh, cállate. Fue espantoso, pero ya ha pasado. Recuerdo su cara, la tensión, los ojos oscuros brillando como si todo el pueblo estuviera ardiendo en llamas, allí dentro. Y sus gritos, a todas horas. No sabías cuándo iban a empezar, tampoco importaba. Te hacías a la idea y la idea te volvía a golpear, un curioso proceso. Los médicos se negaban a darle más morfina porque contravenía noséqué puta ética farmacológica o algo así. Yo mismo tuve que buscarme la vida para poder darle más drogas, mantenerla ausente, hasta que finalmente nos la arrebataron. Pero así es la vida. Esa cerda tuvo su merecido, como todos.

-Dime, ¿pretendes que yo pague por ello ahora? ¿Vas a matarme en su lugar?

-No.

-¿Entonces?

-Pretendo que te quedes conmigo a verlo. Hoy vamos a ver el dolor. Vas a saber lo que es estar completamente solo y destrozado. Por una puta vez en tu vida, vas a saberlo. Mi precioso niño mimado...