martes, 2 de junio de 2009

Los calcetines verdes

-Estoy pensando seriamente en apuntarme a un curso de "Procedimiento de lavado y planchado mecanizado de lencería".

-¿De veras?

-Pues sí. Llevo demasiado tiempo dando tumbos, a la deriva, y ya estoy harta. Ya apenas recuerdo por qué me vine a trabajar aquí, ¿puedes creerlo? El martes pasado, hablando con L., me di cuenta de súbito. Era como si llevase siglos sin pensar en ello, ¡y menudo ello! Me había... ¿acostumbrado? ...a no cuestionarme algunas cosas, algunas cosas muy básicas, fundamentales...

-¿Ello?

-¿Eh?

-Has dicho: "menudo ello"

-¡Ah, joder, eso! Me refería a que no había pensado en ello desde hacía meses... o yo creo que llevaba sin hablar de ello años, a saber. Fue un shock volver a tener esas ideas... se pusieron a crecer a toda hostia, me recubrían con sus raíces como... como si fueran plantas salvajes. Eso es. Plantas salvajes en un jardín abandonado, lleno de maleza y boquetes en el suelo.

-Continúa.

-No moló nada, nada de nada. Se me puso la piel de gallina, ¿ves aquí? Justo aquí. L. se reía de mí, pero a mí no me hacía ni puta gracia. Me sentía como si me viese a mí mismo desde atrás, siendo empujado por una cuerda, un gancho, ¡yo qué sé! Y hablaba y hablaba, pero eso no se iba. Estuve como diez horas hablando y seguía con eso ahí, estrujándome por dentro. L. no tiene ni idea, se creía que hablaba de coña, o con metáforas. Pero esas ideas crecían, se agarraban como la hiedra a mi carne... no había nada que yo pudiera hacer, y seguir hablando sólo lo empeoraba todo. Se me ocurrían cosas la mar de extrañas sobre las plantas, o las ideas.

-¿Por qué viniste aquí?

-Vine aquí... ahora creo que sí podría hablar de ello, pero cuesta creer que las cosas puedan difuminarse tanto, los días pasan y no vuelves a... Sí, recuerdo una conversación con J., yeah!, en el salón de su casa: yo estaba sentada en un sillón, fumando, y él me enseñaba papeles y más papeles. Era todo sacado de la Red: mapas, direcciones, teléfonos; incluso un currículum que había redactado por mí, para que me fuera más sencillo entrar. ¡Más mono...! Me abrazaba varias veces mientras hablaba, aunque no recuerdo exactamente qué me decía, él y sus palabras raras... Estábamos, creo, decidiendo... no, eso ya lo habíamos dejado claro. Me está hablando del sueldo, las horas, la gente que conoce por ahí...

-¿Fue J. quien decidió por ti?

-Esto... no sé muy bien cómo responder a esa pregunta.

-Limítate a responder sí o no.

-Es que no es tan... sencillo. Verás... J. tiene un montón de contactos, y se le da genial todo eso de buscar y encontrar cosas. Me dio una lista, sí... ya me acuerdo: me dio una lista de sitios donde yo podría trabajar, pero al final... termino escogiendo al azar, porque todos parecen iguales. Esos mapas son un poco alienantes -menudo palabro, joder-. Pero es que siempre que ves un lugar ahí, con tanta línea y tanta rayada, se parece siempre a los otros que has visto antes, y a los otros, y siempre es igual a los otros que te van a enseñar luego. ¡Así no hay quien decida nada, joder! Tendrían que ponerles colores, o relieves, cosillas de algún tipo. No hacen honor a los lugares, ni a los espacios.

-Tienes razón.

-Pues por supuesto que la tengo. ¿Lo dudabas?

-Te gusta pasear por los lugares, ¿verdad?

-Eh... pues sí, sí que me gusta... No lo dirías por mi aspecto, ¿eeeh? Ya sé que no. Pero yo antes siempre iba andando a todas partes, aunque hay que reconocer que... Nah, ahora mi vida es distinta. Ya no me puedo permitir esos lujos. Y ahora tengo un medio mejor para moverme. El coche ha sido la gran revolución del individuo, joder. Sobre todo para mí, jaja, que siempre llego tarde a todo. ¡Y ahora ya no! De un salto me pongo al volante y, ¡vamos allá!, a devorar los kilómetros y a cagar minutos extra. Me encanta esa sensación de... ¿tomar el mando? ¿Se dice así?

-Sí, es correcto.

-Seh... No es la palabra que buscaba, pero me vale. ¿Te vale a ti?

-Creo que me hago una idea de lo que quieres decir.

-Pues qué bien. Porque yo sí que sé lo que quiero decir, y es algo que mola mogollón. Antes era un agobio... por la gasolina, lo de encontrar aparcamiento... Pero gracias a J. ya nunca más tendré problemas.

-¿Gracias a J.?

-¡Sí, gracias a él! Qué manía de repetir el final de mis frases, oye. Pareces un lorito escacharrado...

-Te pido disculpas, pero lo que dices está plagado de contradicciones. Tengo que realizar preguntas a fin de aclarar esos puntos conflictivos.

-¡¿Contradicciones, YO?! Tsk... Mira, no sé si aceptar esas disculpas, pero vale... Tú y tus "puntos conflictivos". Bah, hoy me pillas en un día raro y la verdad es que todo me da bastante igual. Te seguiré un rato más, ¿por qué no?

-Después de la sesión analizaremos esos detalles con más calma. Continúa, por favor.

-Pues... ¿qué más quieres saber? Ya no sé ni por dónde iba.

-Estabas hablando de cuando J. y tú os peleasteis por última vez. El cuchillo Ginsu. Los gritos. Los calcetines verdes.

-Ah, joder, sí. Buf... menuda movida...

No hay comentarios: