miércoles, 3 de junio de 2009

L. se lo cita a R. a modo de parábola sobre M.


Meng Ke dijo:


"Los árboles del monte Niu eran bellos; pero, por estar situados en los bordes de un gran poblado, fueron atacados con hachas y ya no pudieron conservar su belleza. Con el reposo del día y la noche, y la nutrición de lluvias y rocíos, renacieron brotes y tallos; pero vacas y cabras vinieron entonces y pastaron en el monte hasta dejarlo pelado. Cuando las gentes ven ahora el monte desnudo, creen que en él nunca hubo árboles, pero no es éste el estado natural del monte.


De la misma manera, con referencia al hombre, no puede decirse que en su corazón no existan la benevolencia y la rectitud. El hombre pierde su bondad de corazón del mismo modo como se abate a los árboles a hachazos. Si uno y otro día se lo hiere, ¿cómo podrá conservar su belleza?


El corazón se recupera a lo largo de los días y las noches y, aunque en el pacífico aire de la aurora ama o rechaza hasta cierto punto según lo que es propio de los hombres, las influencias del día le ponen grilletes y le ahogan. Si una y otra vez se le ponen grilletes, el aire de la noche no es bastante para preservar la existencia de la bondad y, si esto es así, la naturaleza humana deja finalmente de diferenciarse de la de las bestias".

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