viernes, 12 de junio de 2009

Más literatura de mierda

-No estoy seguro.
-Pero... ¿ni siquiera una estimación? Cualquier cosa...
-Bueno. En todo caso, no superará los doscientos. Eso nunca ha sucedido hasta ahora.
-Está bien. Con eso me sirve.
-Si usted lo dice...

Golpe de calor al abrir la puerta. Claxon, pisadas en la escalera, los gritos de un grupo de niñas corriendo hacia el parque. Un rojo brillante hundiéndose entre el azul metálico de los edificios con paredes de cristal. Lentos y tediosos movimientos de piernas, un pie y después otro, hasta la parada del autobús. Pintadas de spray, indescifrables, cubriendo por completo la frecuencia de paso del transporte. Una única persona sentada bajo el techo de la marquesina, leyendo una revista de famosos. Al fondo de la calle, el asfalto vibrando por la temperatura como un espejismo de fusión.

-¿Tienes un cigarro?
-No, no fumo.
-Tsk. Vale, gracias de todas formas.
-...

Se sienta en el banco, pero se levanta de inmediato. No parece convencido. Nada le tranquiliza. Doscientos es demasiado poco. No es suficiente, y no es el primer impedimento con el que se estrella a lo largo de la semana. Tampoco cree que vaya a ser el último. ¿Y de dónde sacará los quinientos que había previsto en el primer borrador? No, no está nada claro. Podría dibujarlos, pero eso no los convierte en reales. No, eso no le servirá.

El primer autobús se lleva consigo a la chica que esperaba a su lado. Ahora está solo. Decide mandarlo todo lejos, pero inmediatamente se arrepiente y vuelve a su ser. "No serviría de nada" - es lo que se repite una y otra vez - "porque ni siquiera yo soy tan importante". Ahora sólo le queda esperar a que el viento de su suerte vuelva a soplar. Pero no le queda mucha paciencia, y ya ha pasado por ese limbo demasiadas veces en el último año. Esta última carta suya tampoco es ganadora.

Tan sólo le permite seguir arrastrando los pies unas cuantas paradas más.

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