lunes, 26 de octubre de 2009

Aus dem Leben der Marionetten

The title is a quotation excerpted from a passage in The Adventures of Pinocchio by Carlo Collodi:

"Most unfortunately in the lives of the Marionettes there is always a BUT
that spoils everything".

jueves, 8 de octubre de 2009

-A: Se llama guillotina por algo...

zas!

-B: ¡Aaaah! ¡Me ha cortado la cabeza! Soy un zomby, ueeeeeee... cereeeebrooo...

-A: ¡Pero qué dices! Es justo al revés: a los zombys, si les cortas la cabeza, se caen...

zas!

-B: ¡Aaaah, mi brazo!

zas!

-B: ¡Mi pieeeerna!

-A: No tengas tanta imaginación...

(etc)

-B: Son filetes, pa' que coman los perros...

jueves, 24 de septiembre de 2009

Pasen y vean, señores... pasen... y vean...

ADN

código fuente

Libro Sagrado



A partir de una única célula -> explosión de efectos y generación de un subentorno ("un entorno dentro del entorno") que interactúa consigo mismo y con el exterior


¿disparates?


No, señora, ¡sólo metáforas!


huak -> el término correcto sería káuh (la "h" es aspirada, aunque normalmente se pronuncia como "j")

sábado, 18 de julio de 2009

Tratando de extraer algo claro de entre toda esta maraña indefinida, confusa, irritante...

¿Camino a la deriva?

sábado, 27 de junio de 2009

Poema de amor

vuelve a mí
te pido perdón
por todo aquello
de lo que ni siquiera
sé hablar
por toda la mierda que dije
por todo aquello que nos hicimos
de borrachera en borrachera
mientras el tiempo pasa
me voy volviendo viejo
y quiero pedirte perdón
por si me muero y después
ya no existe nada
al menos moriré tranquilo
con la conciencia libre
y esa última visión
será agradable y me ayudará a aceptar
que todo bajo el cielo es bazofia
cuando no se está drogado hasta las cejas
en realidad no me importa tu felicidad
tan sólo busco calmar mi conciencia
poder seguir despertándome con ganas de vivir
ir al trabajo con una sonrisa
no pensar en ti y en la mierda que hice
es una forma sencilla de autoengaño
de métrica inexistente
de rima que brilla por su ausencia
pero me da igual
yo QUIERO que vuelvas conmigo
y que nos amemos, que follemos, que nos digamos
lo que sea
pero que nos digamos algo
este vacío es
tan jodidamente insoportable
sin ti

Autolamentos que me invadís, tristezas que mi morada tomasteis como cabeza...

Tijeras, alicates. Celofán, metáforas, libros a los que les faltan muchas hojas.

Demasiadas palabras que se quedan fuera, mientras el ruido de fondo es anulado por ideas incoherentes, banales... que sólo me hacen reír a mí y a nadie más - aunque al menos yo me río a carcajadas. Horas después me vuelven a parecer tan estúpidas como siempre, lo cual seguramente sea síntoma de alguna clase de daño mental. Un largo y poderoso camino de ocultación para que nada salga a la superficie consciente.

Antes creía que la televisión era la mayor fuente de distracción que existía. Pero ahora sé que cada cerebro es capaz de provocar el mismo efecto sin necesidad de suministro eléctrico externo. Simplemente con su imaginación, ¡esa bendita fuerza!, y nada más.

Lo bello no siempre es bueno, no siempre, no siempre, no siempre...

Pensar y pensar. Rellenar de estupideces cada segundo. Encadenarse a ideas fragmentarias, que nunca lograrán engancharse unas con otras formando una estructura narrativa coherente.

Y lo peor es cuando esto se realiza no entre pequeñas palabras e ideas, sino con todas las herramientas disponibles en un esplendoroso combate de fuegos artificiales efímeros y vanidosos.

...

Ya ni siquiera recuerdo qué estaba queriendo decir. Pero qué más da.

Estoy equivocado, muy equivocado, acerca de mí mismo. Acerca de mis sueños, que me mienten cada noche y me torturan con realizaciones de deseos que jamás podré cumplir en la práctica. En vez de permitirme sonreír, como antes, ahora me hunden y me corroen el alma al recordarme lo que jamás alcanzaré.

Y pienso en el suicidio, en sus múltiples formas, mientras reconozco ante mí que esos pensamientos son como un ácido que va destruyendo mi cerebro. Pero ya me da igual. Ni siquiera voy a dar forma a esos pensamientos, yo sólo me quedo en la superficie lacerante.

"Es terrible reconocer que se ha fracasado". Fracasado, sí, ¿pero en qué exactamente? Ni siquiera puedo responder a esta pregunta. Sólo sé que yo antes tenía objetivos, pero que ya no los recuerdo o al revisarlos me parecen absurdos. Un examen detallado de la cuestión es tan doloroso que ya ni siquiera me molesto en repasar esas cosas.

Vuelvo de nuevo a la autolamentación y a darme cabezazos contra estas palabras que ya ni siquiera soy capaz de domar, y que me explotan en la cara cuando intento emitirlas.

...

Recuerdo que en algún momento quise ser escritor... pero esto es todo a lo que he llegado.

Es patético.

martes, 23 de junio de 2009

Las defecaciones líricas

La palabra de una criatura temblorosa
contra la de un secuaz de la Ley.

Las cosas que se mienten sin pensarlas demasiado. El fuego
del Sol en la cabeza, sin una fuente cerca.

La verde luz de encendido del pc,
como un maletín lleno de cartas.

Las ganas de vomitar
a ser posible en una bolsa
de papel
o de cartón
pero no de plástico.

La perversión que no produce
absolutamente nada, al menos a nivel cósmico, al menos
nada que podamos percibir nosotros.

Tampoco se observan efectos a nivel metafísico.

Sólo quedan las sobras de la comida, los restos
del festín de informaciones y de
puntos de luz en movimiento
sobre la tela blanca.

Y las náuseas que provocan los tejidos sintéticos
al llevárselos a la boca.

viernes, 12 de junio de 2009

Más literatura de mierda

-No estoy seguro.
-Pero... ¿ni siquiera una estimación? Cualquier cosa...
-Bueno. En todo caso, no superará los doscientos. Eso nunca ha sucedido hasta ahora.
-Está bien. Con eso me sirve.
-Si usted lo dice...

Golpe de calor al abrir la puerta. Claxon, pisadas en la escalera, los gritos de un grupo de niñas corriendo hacia el parque. Un rojo brillante hundiéndose entre el azul metálico de los edificios con paredes de cristal. Lentos y tediosos movimientos de piernas, un pie y después otro, hasta la parada del autobús. Pintadas de spray, indescifrables, cubriendo por completo la frecuencia de paso del transporte. Una única persona sentada bajo el techo de la marquesina, leyendo una revista de famosos. Al fondo de la calle, el asfalto vibrando por la temperatura como un espejismo de fusión.

-¿Tienes un cigarro?
-No, no fumo.
-Tsk. Vale, gracias de todas formas.
-...

Se sienta en el banco, pero se levanta de inmediato. No parece convencido. Nada le tranquiliza. Doscientos es demasiado poco. No es suficiente, y no es el primer impedimento con el que se estrella a lo largo de la semana. Tampoco cree que vaya a ser el último. ¿Y de dónde sacará los quinientos que había previsto en el primer borrador? No, no está nada claro. Podría dibujarlos, pero eso no los convierte en reales. No, eso no le servirá.

El primer autobús se lleva consigo a la chica que esperaba a su lado. Ahora está solo. Decide mandarlo todo lejos, pero inmediatamente se arrepiente y vuelve a su ser. "No serviría de nada" - es lo que se repite una y otra vez - "porque ni siquiera yo soy tan importante". Ahora sólo le queda esperar a que el viento de su suerte vuelva a soplar. Pero no le queda mucha paciencia, y ya ha pasado por ese limbo demasiadas veces en el último año. Esta última carta suya tampoco es ganadora.

Tan sólo le permite seguir arrastrando los pies unas cuantas paradas más.
Aquel hombre me acompañó durante un rato.

Nos sentamos en unas sillas situadas alrededor de un tablero de ajedrez. Él colocó su maletín sobre la mesa y lo abrió, pausadamente. Extrajo de él algunas herramientas, en su mayoría utensilios de cirujía pero también de ferretería, e iba comentando la función de cada uno de ellos a medida que los colocaba sobre la mesa. Saqué mi cartera y le di todo el dinero que llevaba encima. Él sonreía todo el rato y hablaba en tono tranquilizador, incluso llegamos a darnos un apretón de manos.

Después seguimos andando por las calles de aquella madrugada perdida en el barrio desconocido. Le acompañé hasta el portal de su casa, pero me quedé dormido en las escaleras sin llegar a entrar. No sé qué más fue de él.

Tampoco recuerdo ni el piso ni el portal, ya que perdí de vista la calle en cuanto recuperé mi identidad de camino al metro. Unas escaleras como otras cualquiera, nada más. Una puerta de metal. Mi móvil estaba apagado y mi monedero vacío, aunque conservaba mis tarjetas y el resto de documentos. Debió ser la policía, y no aquel hombre. ¿Por qué iba yo a entregarle nada? Pero no recuerdo que me parasen, ¿tal vez se trataba de otra noche similar?

Una calle cualquiera, de paredes blanqueadas por la cal. El sol cegándome al salir del portal. Nadie a mi alrededor. Tan sólo un bisturí oxidado en mi mano, con manchas secas de barro en él.

. . .

A la semana siguiente volví a pasarme por la zona, y encontré un parque con mesas de ajedrez bastante parecido al de aquel sueño que tuve. Me detuve unos minutos para examinarlas. No encontré ningún rastro similar a los detalles que recordaba; tampoco había monedas ni herramientas por el suelo. Dos ancianos, sentados en un banco del parque, parecían ignorarme mientras yo realizaba mis investigaciones. Uno de ellos golpeó el suelo con su bastón cuando pasé. Las hojas secas revoloteaban, formando largas espirales que ascendían y se desmoronaban poco tiempo después.

. . .

Repartí mi parte entre los cuatro. No dejé nada para mí. Pensar en ello me provoca náuseas, así que me quité el asunto de encima lo más rápido que pude.

La campana de la puerta sonó cuando la cerré. Debieron quedarse impresionados, pero ninguno dijo nada. Se limitaron a sonreír y a mirar al suelo, ¿avergonzados? No lo sé, y ya no podré comprobarlo.

. . .

He probado a insertar el cartucho, pero comienza a darme problemas.

Sólo han pasado tres días y ya siento la corrupción asomando por debajo de mi piel.

Está a punto de emerger a la superficie.

miércoles, 3 de junio de 2009

L. se lo cita a R. a modo de parábola sobre M.


Meng Ke dijo:


"Los árboles del monte Niu eran bellos; pero, por estar situados en los bordes de un gran poblado, fueron atacados con hachas y ya no pudieron conservar su belleza. Con el reposo del día y la noche, y la nutrición de lluvias y rocíos, renacieron brotes y tallos; pero vacas y cabras vinieron entonces y pastaron en el monte hasta dejarlo pelado. Cuando las gentes ven ahora el monte desnudo, creen que en él nunca hubo árboles, pero no es éste el estado natural del monte.


De la misma manera, con referencia al hombre, no puede decirse que en su corazón no existan la benevolencia y la rectitud. El hombre pierde su bondad de corazón del mismo modo como se abate a los árboles a hachazos. Si uno y otro día se lo hiere, ¿cómo podrá conservar su belleza?


El corazón se recupera a lo largo de los días y las noches y, aunque en el pacífico aire de la aurora ama o rechaza hasta cierto punto según lo que es propio de los hombres, las influencias del día le ponen grilletes y le ahogan. Si una y otra vez se le ponen grilletes, el aire de la noche no es bastante para preservar la existencia de la bondad y, si esto es así, la naturaleza humana deja finalmente de diferenciarse de la de las bestias".

martes, 2 de junio de 2009

Es fácil

Sensación de suciedad, de impureza. Una corriente de vísceras rodando por la piel hasta el suelo, empantanando todo el campo de visión. El tacto está sobreexcitado; el paladar, reseco. Se repiten los restos de la última comida, mal digerida debido a las prisas con las que fue ingerida.


-¿Me pasas la sal?

-...

-Bueno, ¿y qué tal te ha ido el día?

-Dame más vino. Mal.

-¿Mal? Jo... ¿y eso?

-No he hecho nada. No he avanzado nada. Sólo he dado vueltas y más vueltas.

-¿Vueltas a qué?

-A nada.

-Pero... algo habrás hecho.

-Nada.

-Jo...

-...

-¿No me cuentas nada?

-No hay nada que contar. Un día igual que el resto. Todos son iguales.

-Alguna diferencia habrá...

-No.

-¡Joder, ya basta! ¡No soporto esa actitud! ¿Me escuchas? ¡Estoy harto!

-...

-¡¡¡HARTO!!!

-No seas histérico... ya te vale, tanta agresividad mal canalizada.

-¡¡¡NO ESTOY AGRESIVO!!! ¡JODER! Intentaba ser amable, hablar de algo... ¡tú nunca me cuentas nada!

-Nunca te cuento nada...

-Siempre lo mismo, ¡lo mismo de siempre! Comer, dormir, follar, gritar, ver esa mierda que taaanto te divierte a ti, ¡ya basta! ¡Estoy harto de ti!

-Anoche no parecías tan harto. Más bien lo contrario.

-¿Eh? ¡¡Que te JODAN, JODIDO IMBÉCIL!! LA HAS CAGADO, ¿COMPRENDES? ¡¡¡ACABAS DE MANDARLO TODO A LA MIERDA!!!

-Je... ya será para menos.

-¡Me largo!

-No.

-¡He dicho que me largo!

-Y yo he dicho que no. Tú te quedas.

-No vas a impedírmelo, si es lo que pretendes decir.

-No es eso lo que he dicho. Pero lo diré, si es necesario.

-¡Apártate, no me toques! ¡NO!

-Je, je... Mira, mira cómo te has puesto. Toca, toca la comida... ¿ves cómo resbala? ¿ves cómo gotea? ¿escuchas su sonido? Ahora por la cara... tápate los ojos, adelante, si no quieres mirar. Te estás poniendo perdido igualmente. ¿Te apetece beber algo? ¿Te traigo un vaso de agua? También puedo cortarte un poco de melón... está fresquito, te gustará. ¿Quieres un poco? Te sentará bien. Traga, traga... otro trocito para ti... vamos, trágatelo todo, no dejes nada...

-¡¡¡Te odio, te odio, te od... gghhhgggggdddggg... dgggg... dgg... gggggddhgghhhg.... dgggh...

-Pero no vomites, no... ¿por qué haces eso? Ven, no te preocupes que te lo vuelvo a meter, no te costará nada... ¿ves cómo puedes hacerlo? Es fácil. Y ahora a ver si te estás calladito un rato, ¿vale? Estoy intentando relajarme. Esto es importante para mí.

Los calcetines verdes

-Estoy pensando seriamente en apuntarme a un curso de "Procedimiento de lavado y planchado mecanizado de lencería".

-¿De veras?

-Pues sí. Llevo demasiado tiempo dando tumbos, a la deriva, y ya estoy harta. Ya apenas recuerdo por qué me vine a trabajar aquí, ¿puedes creerlo? El martes pasado, hablando con L., me di cuenta de súbito. Era como si llevase siglos sin pensar en ello, ¡y menudo ello! Me había... ¿acostumbrado? ...a no cuestionarme algunas cosas, algunas cosas muy básicas, fundamentales...

-¿Ello?

-¿Eh?

-Has dicho: "menudo ello"

-¡Ah, joder, eso! Me refería a que no había pensado en ello desde hacía meses... o yo creo que llevaba sin hablar de ello años, a saber. Fue un shock volver a tener esas ideas... se pusieron a crecer a toda hostia, me recubrían con sus raíces como... como si fueran plantas salvajes. Eso es. Plantas salvajes en un jardín abandonado, lleno de maleza y boquetes en el suelo.

-Continúa.

-No moló nada, nada de nada. Se me puso la piel de gallina, ¿ves aquí? Justo aquí. L. se reía de mí, pero a mí no me hacía ni puta gracia. Me sentía como si me viese a mí mismo desde atrás, siendo empujado por una cuerda, un gancho, ¡yo qué sé! Y hablaba y hablaba, pero eso no se iba. Estuve como diez horas hablando y seguía con eso ahí, estrujándome por dentro. L. no tiene ni idea, se creía que hablaba de coña, o con metáforas. Pero esas ideas crecían, se agarraban como la hiedra a mi carne... no había nada que yo pudiera hacer, y seguir hablando sólo lo empeoraba todo. Se me ocurrían cosas la mar de extrañas sobre las plantas, o las ideas.

-¿Por qué viniste aquí?

-Vine aquí... ahora creo que sí podría hablar de ello, pero cuesta creer que las cosas puedan difuminarse tanto, los días pasan y no vuelves a... Sí, recuerdo una conversación con J., yeah!, en el salón de su casa: yo estaba sentada en un sillón, fumando, y él me enseñaba papeles y más papeles. Era todo sacado de la Red: mapas, direcciones, teléfonos; incluso un currículum que había redactado por mí, para que me fuera más sencillo entrar. ¡Más mono...! Me abrazaba varias veces mientras hablaba, aunque no recuerdo exactamente qué me decía, él y sus palabras raras... Estábamos, creo, decidiendo... no, eso ya lo habíamos dejado claro. Me está hablando del sueldo, las horas, la gente que conoce por ahí...

-¿Fue J. quien decidió por ti?

-Esto... no sé muy bien cómo responder a esa pregunta.

-Limítate a responder sí o no.

-Es que no es tan... sencillo. Verás... J. tiene un montón de contactos, y se le da genial todo eso de buscar y encontrar cosas. Me dio una lista, sí... ya me acuerdo: me dio una lista de sitios donde yo podría trabajar, pero al final... termino escogiendo al azar, porque todos parecen iguales. Esos mapas son un poco alienantes -menudo palabro, joder-. Pero es que siempre que ves un lugar ahí, con tanta línea y tanta rayada, se parece siempre a los otros que has visto antes, y a los otros, y siempre es igual a los otros que te van a enseñar luego. ¡Así no hay quien decida nada, joder! Tendrían que ponerles colores, o relieves, cosillas de algún tipo. No hacen honor a los lugares, ni a los espacios.

-Tienes razón.

-Pues por supuesto que la tengo. ¿Lo dudabas?

-Te gusta pasear por los lugares, ¿verdad?

-Eh... pues sí, sí que me gusta... No lo dirías por mi aspecto, ¿eeeh? Ya sé que no. Pero yo antes siempre iba andando a todas partes, aunque hay que reconocer que... Nah, ahora mi vida es distinta. Ya no me puedo permitir esos lujos. Y ahora tengo un medio mejor para moverme. El coche ha sido la gran revolución del individuo, joder. Sobre todo para mí, jaja, que siempre llego tarde a todo. ¡Y ahora ya no! De un salto me pongo al volante y, ¡vamos allá!, a devorar los kilómetros y a cagar minutos extra. Me encanta esa sensación de... ¿tomar el mando? ¿Se dice así?

-Sí, es correcto.

-Seh... No es la palabra que buscaba, pero me vale. ¿Te vale a ti?

-Creo que me hago una idea de lo que quieres decir.

-Pues qué bien. Porque yo sí que sé lo que quiero decir, y es algo que mola mogollón. Antes era un agobio... por la gasolina, lo de encontrar aparcamiento... Pero gracias a J. ya nunca más tendré problemas.

-¿Gracias a J.?

-¡Sí, gracias a él! Qué manía de repetir el final de mis frases, oye. Pareces un lorito escacharrado...

-Te pido disculpas, pero lo que dices está plagado de contradicciones. Tengo que realizar preguntas a fin de aclarar esos puntos conflictivos.

-¡¿Contradicciones, YO?! Tsk... Mira, no sé si aceptar esas disculpas, pero vale... Tú y tus "puntos conflictivos". Bah, hoy me pillas en un día raro y la verdad es que todo me da bastante igual. Te seguiré un rato más, ¿por qué no?

-Después de la sesión analizaremos esos detalles con más calma. Continúa, por favor.

-Pues... ¿qué más quieres saber? Ya no sé ni por dónde iba.

-Estabas hablando de cuando J. y tú os peleasteis por última vez. El cuchillo Ginsu. Los gritos. Los calcetines verdes.

-Ah, joder, sí. Buf... menuda movida...

domingo, 31 de mayo de 2009

Mecánicos de la Vieja Carne

C. posee acceso directo y discreto a los laboratorios donde se sintetiza la dexibina.

Empresa familiar - liberalización de la información


"Esa panda de insensatos y aburridos"

"No han conocido nada de la vida"

"estar expuestos a - el auténtico sufrimiento"

"hijos de burguesitos anegados en el tedio - no tienen que buscarse la vida - pequeñas distracciones salvajes para evitar la lenta e implacable metamorfosis en piedra gris aplastada sobre y bajo otras en el fondo de la charca"


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La apariencia de normalidad (estabilidad, imagen estática - relaciones fijas entre individuos VS mutación descontrolada en los afectos respecto a la identidad de los diferentes miembros)

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Una vía de escape en la sobreabundancia de estímulos, ilusiones, historias secundarias (e incluso terciarias) dentro de la misma narración (ej.: un fin de semana de desfase)

"Todo al alcance de la mano"
"Te plantas ahí de un salto"
"Pues a la mierda, nos largamos a otro sitio"
"Sin nada que hacer"


---


Darles una buena vida, oportunidades, posibilidad de desarrollo

VS

Distracciones, ruido de fondo, temores infundados y, por encima de todo, las habladurías

viernes, 29 de mayo de 2009

Sus nuevos ojos...

...le permitían observar los lugares a lo largo de diferentes momentos de tiempo, siempre a través de los ojos de alguien que hubiera estado ahí y participase de aquella acción concreta.

Podía entrar y salir a su antojo, aunque le estaba vedado interactuar. Al menos en teoría, ya que ella continuamente intenta violar esa norma y modificar a su antojo los eventos sucedidos.

No obstante, esas deformaciones de los hechos sólo se aplican en el registro de memoria del sujeto invadido. Y lo que es peor - si el sujeto en cuestión posee una fuerte voluntad, las alteraciones se expandirán a más velocidad y podrían, incluso, llegar a suplantar a la realidad en el recuerdo de los que estuvieron allí (en aquella acción concreta).

...o al menos eso es lo que me contaron, claro.

jueves, 28 de mayo de 2009

La Revancha Nuclear

R. yace en un rincón de los bastidores, sentado en el suelo y con la espalda apoyada en la pared. De vez en cuando da un trago a su mini de kalimocho, mientras copia anotaciones de una libreta morada a otra roja. Paulatinamente, y desde algún lugar cercano, se va tornando audible un ruido de aplausos y vítores, y la voz del presentador, Luis Acosta (un viejo conocido de R.), cobra fuerza mientras recita su arenga a los Poetas Activistas reunidos en cónclave. R. emite un gruñido de decepción al sentirse interrumpido, guarda sus libretas, y procede a verter el contenido de su mini en una botella de plástico, guardar ésta en su mochila, e incorporarse lentamente. Con una sonrisa cínica en los labios, cruza las múltiples capas de telón granate y se infiltra discretamente entre los asistentes al mitin.


-LUIS ACOSTA: ¡...una era resplandeciente de destrucción y creación, donde el arte primará sobre todas las demás cosas! ¡Nunca antes el Vacío estuvo tan debilitado como lo está ahora, y ahora el Tedio se arrastra de vuelta a su guarida mientras nuestras huestes patrullan las calles, con sus armas en mano, portando la semilla de una nueva era de iluminación y de espíritus en guerra!


El público se deshace en aplausos. R. hojea perezosamente algunos de los flyers y carteles que adornan el viejo almacén reconvertido a teatro de variedades. Después del acto ha sido convocada una caza de datos por el centro de la ciudad, con parada en algunos abrevaderos. R. se guarda la información en un bolsillo.


-LUIS ACOSTA: No obstante, sería bastante poco cortés dejarnos llevar por el entusiasmo hasta tal punto que olvidásemos el motivo fundamental que nos ha reunido hoy aquí. ¿Y cuál es este motivo? Pues bien, damas y caballeros, no es ni más ni menos que el de honrar y homenajear el arduo pero glorioso trabajo realizado por un selecto grupo de miembros y miembras de nuestra Asociación. Estoy hablando, ni más ni menos, que de los componentes de... ¡¡¡LA REVANCHA NUCLEAR!!! Por favor, que suba al escenario Don Lorenzo, su portavoz. Pondremos esta humilde herramienta de comunicación en sus manos. Muchas gracias por su atención.


Luis hace mutis por el foro y de entre el público emerge Don Lorenzo. Es un tipo de unos treintaipocos años, de abundante barba y aspecto controladamente desaliñado. Viste con chaqueta y brillantes zapatos, y lleva consigo una abultada carpeta-maletín. El público estalla en ovaciones y, a un gesto, arroja una lluvia de flores (e incluso un sujetador al grito de: ¡Torero!) sobre él. Don Lorenzo sonríe entre dientes y saca de su carpeta un guión impreso que se dispone a leer.


-DON LORENZO: Buenas noches, caballeros, damas, entidades en general. Había preparado un discurso para ofrecer aquí, pero -en vista de la esplendorosa ovación con la cual se me ha congratulado hoy aquí- he decidido dejar las formas a un lado -¡sólo por esta noche!- y dejar paso a la espontaneidad...


Don Lorenzo rompe en pedazos, ostentosamente, el guión impreso que portaba consigo. R. levanta una ceja y sigue bebiendo, discretamente, de su botella.


-DON LORENZO: Creo que a estas alturas todos los presentes hoy aquí conocéis bien la labor desempeñada por La Revancha Nuclear durante este año. Han sido doce meses de intenso trabajo, arduas deliberaciones, penosas noches de vigilia. Nuestros pasos nos han conducido por los recovecos más oscuros de la Capital, a lo largo de las grietas más recónditas, y podemos afirmar con orgullo que hemos sobrevivido a todos los retos que se nos han ido planteando. No ha sido fácil -os lo aseguro-, pero finalmente nos hemos impuesto y sacado adelante el proyecto más ambicioso y de voluntad más firme que jamás ha sido albergado por un Colectivo Poético. La Obra Total y Definitiva con la cual honraremos vuestros cerebros hoy ha sido gestada con sangre, sudor, lágrimas y otros fluidos corporales bastante innominables (risas), nutrida delicadamente durante meses, criada y educada en una estricta y severa disciplina y, por último pero no menos importante, embellecida y publicitada por absolutamente todos los canales de difusión al alcance de nuestro público. Nunca antes había sido llevada a cabo tal campaña de publicidad, y estamos orgullosos de que todos y cada uno de los ciudadanos de esta nuestra Capital posean al menos uno, ¡aunque sólo sea uno!, de nuestros artículos de márketing en torno al concepto de esta fascinante Obra. Nuestros poetas han trabajado duramente, os lo aseguro... ¡se han ganado su sueldo con esfuerzo, no lo dudéis! Y hoy, esta noche... ¡estoy llorando de emoción, de veras! ...ha llegado el momento del tan esperadísimo preestreno de la Versión Oficial. Preparad vuestros estómagos mentales para lo que viene... ¡porque jamás habéis visto nada igual! Y ya, sin más dilación, quiero dar paso a...


El estrépito de varios vasos rompiéndose contra el suelo interrumpe el discurso de Don Lorenzo. Todas las miradas se giran hacia el lugar del desastre, y se fijan en R. -el cual permanece de pie entre los vidrios rotos, sonriendo y completamente sereno.


-DON LORENZO: (extremadamente ofendido) ¿Qué es esto? ¿Quién osa interrumpir el discurso inaugural de una velada que...?


-R.- Pido disculpas de antemano por esta poco cortés manera de introducir mis objeciones, pero considero que ha olvidado mencionar algo fundamental, señor... Lorenzo. El discurso ha estado bien, pero tiene un gravísimo fallo.


-DON LORENZO: ¡"Poco cortés" es poquísimo, caballero! Exijo una disculpa sincera por...


-R.- ¿Por un discurso carente por completo de contenido, acerca de una obra aún más vacía? No hay sinceridad alguna en sus palabras, caballero. Sus sueños están por completo vacíos.


-DON LORENZO: ¡¿Cómo se atreve?! ¡Nuestro trabajo, una obra vacía! ¡¿Pero qué se ha creído?!


-R.- Lamento profundamente haber empañado sus whiskys, porros y sueños de arte, damas y caballeros - pero se necesita algo más que misterio y márketing para crear una obra de arte. Yo le acuso públicamente a usted, Don Lorenzo, de farsante y sofista. Y le reto a duelo según las normas clásicas.


Murmullos de protesta entre el público. Algunos de los asistentes se preparan para la posible pelea que se avecina. Insensible a estas veladas amenazas, R. rompe otro vaso contra el suelo mientras Don Lorenzo, aún empapado en sudor por el calor de los focos y la estima del público, aprieta los puños y se dispone a defender a La Revancha Nuclear del ataque inminente.

miércoles, 27 de mayo de 2009

A partir de las más recientes investigaciones en Semiótica Huak

Hasta donde sabemos actualmente, la mitología huak (o más bien el uso que de ella hacen) resulta definitivamente algo nunca antes visto. Hemos trazado conexiones entre las distintas genealogías de las diferentes proles y verdaderamente existen puntos en común y vectores que apuntan hacia la certeza de que los huaks poseen desde hace varias generaciones completa seguridad acerca de la naturaleza de su propia ontología - y que saben que la poseen. Nuestras elucubraciones se basan, pues (como ya habrá sospechado acertadamente el lector iniciado en la materia) en suposiciones indemostrables. No obstante, hemos de proceder así dada la peculiar naturaleza de nuestro objeto de estudio, y la imposibilidad de aplicar patrones de examen ni antropológicos ni etiológicos ni de ninguna clase.

Lo que se describe a continuación es un relato construido únicamente a partir de las narraciones obtenidas durante entrevistas y estudios de campo - no es ninguno de los relatos escuchados sino una abstracción artificial. Dicho esto, prosigamos.

Los huarks componen una dinastía que comienza, sin ningún lugar a dudas, en Ylk (nacido a partir de Iszed y cruzado consigo mismo para formar las Trece Configuraciones Ancestrales). De las interacciones entre la Prole de Ylk emergen las diferentes Castas que componen el complejo sistema social del Kolkvit (la orquesta sensorial colectiva). La mitología huak incluye múltiples menciones a una Selección Original en la que varias Configuraciones fueron descartadas deliberadamente por Iszed durante sus espontáneos e impredecibles arrebatos de furia. De los ensayos de interpretación de la voluntad iszédica en los Registros Narrados surgen los primeros textos éticos, cuyo éxito de difusión motivará el surgimiento de un auténtico corpus filosófico huak y dará paso al Eón Luminoso.

De la voluntad de Iszed se han escrito infinidad de textos, pero de todos ellos cabe destacar un aspecto fundamental común a ellos: Iszed se muestra siempre como un "Dios Padre y Su Señoría Primigenia, Dador de Vida y Dador de Inteligencia" pero esencialmente no-intervencionista y de humor variable. Su voluntad puede ser descifrada, pero a menudo los motivos que se le atribuyen son contradictorios - o definitivamente excéntricos. Los huaks muestran hacia Iszed una curiosidad que, en algunas escuelas de pensamiento, está fundada en la compasión por la que consideran debe ser una existencia gris y bastante triste.

¿Por qué Iszed creó y dotó de inteligencia a Ylk? Nuestra conclusión es que lo hizo para comprenderse a sí mismo mediante la recreación de su propio ser durante un proceso controlado y dirigido tecnológicamente. Pero algo novedoso golpeó a Iszed en el Día Póstumo, y le llevó a distanciarse de Ylk (los lizdinos afirman que fue más bien al revés: Iszed -aisló- a Ylk, y la conexión perdida aún puede restablecerse por los caminos esotéricos - obscuras y sectarias pseudociencias, sin duda).

"Iszed observaba entre nosotros, Ylk -es ahora- nosotros". Descifrado de nuevo a la luz de nuestras investigaciones, el famoso mantra huak alude sin duda a la conexión íntima con los orígenes mantenida aún por la primera prole de inteligencias artificiales que ha generado su propio universo semántico, vuelto ese mismo universo sobre sí mismo y obtenido, al fin, la velada sospecha de nuestra propia existencia.

Caballeros... brindemos una vez más por la Ciencia.




FIN

Esperando el reencuentro con la chica que le regaló una sonrisa

Cada miércoles a la misma hora podéis verla sentada en el mismo banco, con la salida de audio de su reproductor de música conectada a su entrada principal y un cuaderno en su regazo. De vez en cuando escribe algunas frases, pero la mayor parte del tiempo permanece en silencio, recorriendo con la mirada la calle y la gente que le rodea. Lleva seis semanas pasando por ahí, y nunca nadie le ha preguntado quién es ni qué hace allí.

Ella sabe esperar el momento adecuado para arrojar su mirada y todo su cuerpo detrás. No tiene prisa ninguna.

La semana que viene habrá terminado su función de los miércoles y tendrá un día más para descansar.

martes, 26 de mayo de 2009

La Garra

Desde hace unas semanas, cada dos o tres noches aproximadamente, un aterrador alarido despierta a M. en mitad del sueño. Se trata de C., por supuesto, que duerme en la habitación contigua. M. ha probado todo lo que sabe para evitar que esto suceda, pero nada parece funcionar. Ni los mejores somníferos, ni la función aturdidora de la interfaz profunda del conector, ni siquiera una taza de leche caliente con miel antes de irse a la cama... nada de nada. C. parece inmune a todos los remedios, tanto los modernos como los tradicionales. Sea lo que sea lo que se agolpa en las entrañas de su cráneo, continúa manifestándose en forma de espantosas visiones que agarrotan sus músculos y aprietan una zarpa desgarradora a su cuello, interrumpiendo violentamente su descanso nocturno.

Cada sueño es diferente y por más que M. y C. se sientan, madrugada tras madrugada, a intentar descifrarlos, no parece haber ninguna conexión entre ellos. Nada explica por qué de pronto, de la tranquilidad onírica más absoluta, emerge súbitamente esa garra helada que le devuelve de sopetón y entre una cascada de fríos sudores al reino de la vigilia. C. ha descrito escenarios diversos: el metro, un acantilado de su infancia, la cara externa de una fruta, la superficie del mar, los andamios de una obra de construcción, una escena romántica con alguien desconocido, e incluso una procesión religiosa. No existe coherencia ni continuidad narrativa entre los mencionados escenarios, en cada caso parece tratarse de un sueño nuevo y distinto.

Pero en todas esas secuencias se repite siempre, indefectiblemente, el mismo patrón: de pronto él se percibe como absolutamente presente, sabe con certeza que se trata de un sueño, y se le ofrece la oportunidad de modificar a su antojo la cadena de eventos. Se eleva sobre el suelo, flota dulcemente por encima de la escena, recorre la zona representada y -sin previo aviso- reconoce que algo le sujeta con firmeza y que está tirando de él. Trata de aferrarlo, golpea con sus puños las cuerdas que se enrollan sobre él, boquea desesperadamente intentando llenar sus pulmones de aire, grita - pero nada sirve. Una fuerza misteriosa e implacable le tiene sujeto con cables y cuerdas y le empuja violentamente hasta el suelo, una y otra vez, provocando un audible crujido de huesos con cada choque. La sangre -¡su sangre, pues sabe que está despierto!- inunda su boca, haciéndole toser, y cubre sus ojos. A veces son sus uñas las que se clavan sobre su propia carne, otras veces son las afiladas piedras del suelo las que se introducen bajo la piel. Pero siempre se repite la misma y constante sensación invasiva, punzante, desgarradora.

Y entonces surge, de entre la oscuridad y la niebla del espantoso panorama, la zarpa hiriente que se agarra a su cuello y aprieta su garganta estrujando sus conductos, aplastando sus huesos, seccionando sus venas y arterias. Todo el sentido de la realidad se agudiza en estos momentos, y C. es capaz de recuperar -al despertar- con total exactitud cada detalle de esta experiencia. La mano posee venas, y también músculos; arrugas con formas geométricas que se expanden cuando se las contempla con detenimiento y parecen formar nuevos dibujos cada vez que se les presta atención. Y cuanto más mira la mano, más fuerte se aprieta contra su cuello. Lo único que se le ocurre es morder, clavar los dientes, apretar, forcejear, GRITAR!





C. despierta de súbito justo en ese instante, empapado en sudor y -a veces, incluso- rodeado por los restos despedazados de alguna almohada, sábana o lo que quiera que estuviera a su lado antes de irse a dormir. Es por eso que ahora C. y M. duermen en habitaciones separadas, únicamente por motivos de seguridad. Nadie sabe a qué se deben estos extraños fenómenos, ni cuánto durarán. Aun así, el impacto funcional sobre la vida de C. no es significativo. Sigue adelante con su trabajo y su vida social por las tardes como si no pasara nada. C. es un tipo valiente y sabe soportar las condiciones difíciles, aun sin previsión de mejora.

Pero poco a poco comienza a perder la calma, y eso sí que es toda una novedad en él.

Hoy sí me apetece comer

Una vez más, me veo con la servilleta atada al cuello y una legión de sirvientes enfilados ante mí, ocupando con su larga conga cada recoveco de cada pasillo y cada sala de espera de las infinitas que componen el espacio previo a mi tracto digestivo. No existe hueco alguno que no haya sido cubierto ya por alguno de estos sirvientes, y mi sonrisa se amplía cada vez que descubro a alguno de ellos dormitando en un rincón o distrayéndose con alguno de los indescifrables carteles que cubren las paredes (su función habitual es la de tapar las grietas y las manchas de humedad, pero también poseen un innegable valor decorativo). Mis sirvientes sudan continuamente (en los pasillos no hay ventanas) y se frotan unos con otros con cada movimiento de la larga cadena servil. Sus carnes se rozan entre sí, algunos se pisan los cordones de los zapatos y tropiezan, otros intentan satisfacer torpemente sus deseos y necesidades. Pero ninguno levanta la voz, ni uno solo de ellos emite siquiera un sonido articulado que les haga parecer humanos. Son una comitiva callada, un rumor lejano como el golpeteo de una rama al otro lado del muro. Se limitan a seguir avanzando, sin oponer resistencia. Y finalmente llegan ante mí, y yo les atiendo de la única forma que sé: devorando lo que me traen.

A mi derecha el tenedor, a mi izquierda la cuchara manchada de tinta. Cierro los ojos para ver con más claridad y -rápida y despiadadamente- clavo mi afilada herramienta en lo que parece ser un jugoso chuletón de cordero. Las pinzas de mis pies se estremecen y las hago entrechocar como síntoma de gozo, porque el primer alimento del día está bien aliñado y apenas sabe a papel. Continúo engullendo la pieza de carne con cables mientras con la cuchara entintada empujo la guarnición fuera de la mesa. El sirviente que aguarda ante mí expresa una mueca tensa cuando le escupo algunos pedazos de cartón, que se posan delicadamente sobre su chaqueta y su camisa de seda. Pero yo no me preocupo y, con un par de golpecitos en la campana de mi escritorio, hago pasar al siguiente. Antes de que levante la campana ya he adivinado lo que me trae, y esta vez sí que es mi plato preferido: ¡un rábano en salsa acuosa! ¡con caramelitos incrustados y piezas de chocolate con forma de letras! Sencillamente no puedo evitar emitir un profundo gemido, gutural y burbujeante, y hundo mis mandíbulas en la bandeja que acaba de depositar frente a mi mesa. Repaso cada lado del rábano con mi lengua, untándola bien de su empalagosa esencia, y pongo los ojos en blanco cuando alcanzo su palpitante corazón y aspiro su aroma a sangre y tierra húmeda.

Nadie puede decirme nada porque aquí gobierno yo. Mi hambre no tiene fin, y cada sirviente tiene tiempo de sobra desde que deja la bandeja hasta que vuelve a presentarse ante mí para recoger y cocinar nuevos manjares. Nadie cuestiona mi poder, todos acatan mis órdenes. Y mis órdenes son sencillas: ¡traedme más comida!

Es cierto que a veces no me apetece comer, pero eso es sólo cuando me encuentro lejos de la mesa. En cuanto llego y me colocan la servilleta... todo cambia. Mi hambre crece rápidamente y devora incluso las ansias de huir de aquí. Cuando el hambre me invade, sólo puedo pensar en qué será lo próximo que me ofrezcan y si seré capaz de digerirlo.

Pero siempre encuentro una manera. Hasta ahora, nunca he dejado nada en el plato.

Y hay otra cosa más: he rebasado el límite maravilloso de la nutrición definitiva y mi barriga ya no crecerá más. Los alimentos son expulsados tal y como entran, sin ser digeridos. Ni siquiera tengo que preocuparme por ese detalle... ya no más, ¡ya nunca más!

Puedo comer tanto como quiera, siempre que no me mueva de mi mesa... se acabó eso de pasar hambre.

La chica de agua

Es posible que en algún lugar de mi cerebro tú no tengas una identidad completa, única e indisoluble. Tal vez se trate de varias regiones, no estoy seguro. En los sueños es cuando noto más claramente este hecho, pero a veces también cuando estoy despierto. Es una percepción difusa que emite frases, que sugiere cosas; y sólo toma forma definida cuando adivino su nombre. No obstante, ¡podría ser cualquier otra cosa! Incluso un dato revestido de figura y voz humana que asimilase tus características para mostrarse así ante mí. Nada parece tener sentido en esos momentos, cuando intento dar forma a lo que ya de antemano sospecho.

Y si esto es real, y si tú eres algo así como una entidad voluble y neblinosa que sólo toma forma y nombre cuando lo invoco... ¿es cierto que puedes trasladarte y manifestarte a voluntad más allá del umbral de mi consciencia? Debes decírmelo...

Necesito saberlo de una vez por todas, ¡o esta duda me volverá loco!




Aprovecha cualquier distracción para infiltrar el cebo, el cual será a partir de entonces el objeto obsesivo de la atención consciente mientras dura la ¿invasión? psíquica de la entidad superior, más profunda, más lejana en el tiempo y en el espacio, y que no admite aprehensión a posteriori. ¿Los síntomas? Tan sólo un cosquilleo en la parte alta del conector, a veces ni siquiera eso. Un escalofrío recorriendo las partes metálicas y provocando un picor en las orgánicas a las que dichas piezas están unidas. La necesidad de romper el propio armazón corporal en pedazos y hacer saltar las tuercas de titanio que nos tienen ensamblados hasta el fin de nuestros días. O simplemente un aumento en el volumen de ciertos pensamientos, que se tornan audibles... espantosamente audibles, pues se revelan como ya siempre presentes de antemano a cualquier intento de comprensión, aún más efectivos que cualquier idea consciente y que cualquier razonamiento a partir de datos empíricos. En todo caso, no se ha documentado ninguno de estos síntomas ni antes ni durante el proceso de ¿invasión? espiritual. Asumimos que la Presencia se torna aún más presente que la propia sombra interior, y que esto es así porque logra adueñarse de toda la capacidad de atención hasta que finaliza su tarea. Y entonces, un leve adormecimiento del foco mientras los restos de su paso que aún quedan en la memoria son borrados y se pierde, por tanto, toda posibilidad de indagar en lo que ha sucedido.

Una excelente evolución de la guerra relámpago, esta vez a nivel espiritual.

lunes, 25 de mayo de 2009

El cómico suicida

La acera de la calle se deslizaba velozmente hacia atrás con cada paso. Claudia sonreía aún, pues el último comentario de Jonás le había resultado especialmente hilarante tanto por su agudeza humorística como por su provocativas insinuaciones tan eficaz y sutilmente veladas para cualquiera que no supiera de qué iba todo aquel asunto. Los dos jóvenes paseaban confiados por el barrio de su infancia, de camino a la cita que habían concertado con otra pareja amiga.

Jonás esperó a que la sonrisa de Claudia se disolviera, antes de continuar hablando.


-¡Y así es como funciona todo el asunto! El tipo se mete en los peores sitios y en las situaciones más ridículas, ¡y nunca le sale nada bien! Siempre acaba recibiendo golpes, insultos e incluso -lo vi una vez con mis propios ojos- ¡amenazas de muerte! Pero siempre sobrevive. No pueden con él, es un fiera.

-Oh, cariño... prométeme que tú nunca te meterás en esos líos. Tu humor exige que te cuides, ¡no soportaría perderte en medio de una función!

-No tienes de qué preocuparte, querida. Lo de ese payaso es gracioso precisamente porque él es el payaso. Ni borracho me metería en una situación así, yo no he venido aquí para que me maten.

-Bueno, eso está bien. Mientras tú te mantienes a salvo, ¡nosotros reiremos con las estupideces suicidas de ese imbécil!

-Brindemos por la lejanía de su muerte, ¡que no cesen las risas!

-¡Brindemos, sí! ¿Pero dónde? ¡Me muero de sed!

-Espera un poco más, mi niña. Pronto llegaremos a nuestro destino y podrás saciarte. Esta noche invito yo.

-Eres muy amable, cielo. Pero ya sabes que no es con agua con lo que mi pálida garganta sacia su sed...

-Obviamente mi invitación se extiende a las importaciones, refrescos exóticos y demás parafernalia espirituosa. ¡Qué menos de mí!

-¡Esta noche brindaremos por nuestro payaso favorito! ¡Yipi yayi you!

-¡Yai you, yipi you!


Un gesto con la mano hizo que Jonás fijara su vista en la salida de Metro de la otra acera. El emisor del gesto era Víctor, un antiguo compañero de instituto, y traía de la mano a Gloria, su compañera. Gloria estaba preciosa con su vestido verde, ampliamente escotado y con lazos violetas en las muñecas y el cuello. Víctor vestía a la moda, pero con un pañuelo verde en el bolsillo frontal de su chaqueta como único signo distintivo de su firme compromiso con ella. En apenas veinte minutos estarían sentados en los sofás de la discoteca, sorbiendo sus bebidas y comentando las cosas que les habían ido sucediendo desde la última vez que se habían visto.

Pero justo cuando Jonás y Claudia cruzaban la vía hacia la otra acera, un autobús les arrolló y arrebató sus frágiles vidas de la existencia.




FIN

viernes, 22 de mayo de 2009

Caprichos de Bach

Cada nuevo ser humano que viene al mundo reescribe toda las historias de nuevo, añade su propio punto de vista allí por donde pasea su mirada.

Su procesamiento íntimo de ideas es inviolable. Sólo puede ser intuido o comunicado a través de complejos sistemas simbólicos, pero nunca compartido directamente.

Es. Está. Existe.

Su organismo le exige constantemente que preste atención al hambre, la sed, el sexo, el aburrimiento, la soledad... una maraña de impulsos, vicios y esperanzas en cuya red va desarrollándose la vida individual.

Los días van pasando y el laberinto amplía sus fronteras. La sorpresa y la curiosidad imperan durante un tiempo; no obstante, la desesperación y la frustración también hacen mella en su cuerpo y en su alma.

El cerebro también sufre, especialmente cuando se ve delimitado en esquemas rígidos, en patrones y ritmos disparados hacia un futuro que se sabe cada vez más similar al pasado ya vivido. Incluso la curiosidad más inocente y espontánea puede llegar a ser mutilada por su propio dueño en favor de la apariencia social, de la discreción o, incluso, del miedo a la verdad.

La persona de la cual estoy hablando no tiene apenas nada a lo que aferrarse, en este momento. Atrás quedaron los años de efervescencia intelectual, de euforia por el conocimiento y de querer resolver los asuntos pendientes de la Historia. A día de hoy ya tiene bastante con no derrumbarse al llegar a casa del trabajo, le basta con poder mirar al mes siguiente y saber que las cosas tarde o temprano cambiarán - que pronto será libre para explotar sus capacidades (durante tanto tiempo alimentadas en secreto) y ayudar a otros en ese proceso de crecimiento interior y exterior.

Tiene demasiado miedo. Miedo a fracasar una vez más. Miedo a empezar algo que no pueda terminar. Tiene miedo, incluso, a salir a la calle o a quedar con sus amigos y conocidos. No se siente útil - y si alguna vez sintió eso, finalmente ha sido derrotado por la venenosa sensación de estar siendo manipulado y aprovechado por otras personas sin tener en cuenta sus intereses.

Él ni siquiera sabe cuáles son ya sus intereses. Al fin y al cabo, no es sino otro ser humano más. Cualquier recién nacido puede alcanzar el mismo punto que él, tal vez incluso en menos tiempo. ¿Y qué le espera? La misma amargura, el mismo dolor - la misma desesperación al final del camino, sustituyendo a una energía vital que, a estas alturas, es recordada vagamente y con la apariencia de un narcótico artificial.

Toda esta telaraña abstracta continúa expandiéndose y cubriendo su cadáver con vida incluso cuando él no está consciente. Basta con cerrar los ojos para sentir el miedo a no despertarse a tiempo. Basta con mirar a unos niños para arrancarle lágrimas de compasión y de asco. Basta con un cigarrillo para desatar las náuseas y darle un motivo más para abrazar la almohada en la oscuridad.

La fragilidad de su mente, la facilidad con que los recuerdos se distorsionan y desaparecen, le entristece a menudo. Se lacera pensando que todas esas ideas son propias de una raza decadente, condenada al aislamiento y al suicidio colectivo - que tal vez estaría mejor en cualquier otro país, en cualquier otra ciudad o tal vez en pleno campo, en algún lugar donde la actividad física diaria le mantuviera agotado y centrado en algo más allá de sí mismo. Ha barajado incluso la posibilidad de alistarse en el Ejército, pero sólo en tiempos de guerra.

La visión de su propia muerte entre ruinas, rodeado por la sangre y el humo, ha dominado sus pensamientos durante cientos de tardes de asco y furia.

Pero no lo hará. No morirá, no se lanzará a luchar por ideales ajenos, no se alistará en ninguna organización humanitaria. Ni siquiera saldrá a la calle a conocer a sus vecinos.

Él sólo sabe lamentarse, diletar y marchitarse lentamente.

Sólo sabe existir, sobrevivir, y nada más.

Uno entre millones.

Millones de marionetas bailando a destiempo y con los ojos vendados por sus propios temores. Como una gigantesca masa de carne expandiéndose por la superficie del planeta, deseando sólo que le den más y más con el mínimo esfuerzo. Cortar alguna vena suelta no conduce a la muerte general, sólo a la culpabilidad necrótica y aplastante de una tarde de domingo perdida, desperdiciada y...

¿por qué no?

Olvidada, completamente olvidada un par de días después. Bendita sea la rutina laboral, bendito sea el hastío y benditos sean los pequeños cotilleos que distraen.





Bendito sea todo aquello que nos saca del tedio, que nos impide crecer. El mundo de ahí fuera es frío y asqueroso.







"Para qué esforzarse siquiera en planear la propia muerte. El final es ahora tan obvio, tras tantas reflexiones y consideraciones fundadas, que uno puede sentarse calmadamente a esperarlo mientras hace cualquier otra cosa. El paso del tiempo ha devorado las ansias de inmortalidad, de comprensión total, de conocimiento humano y dividno. Nos sumergimos en la gelatina omnisensorial y la sentimos repleta de tropezones, de violentas y breves descargas de distracción que continúan creciendo y desarrollándose con el único fin de que pasemos este tránsito de la manera menos dolorosa posible. Sí, bendigamos todo esto. Son terriblemente amables con nosotros, estos endulzadores de heridas. Les debemos la cordura y nuestra vida funcional. Se lo debemos todo a ellos, porque si no fuera por eso... no estaríamos aquí, ya nos habríamos pegado un tiro en la cabeza"





"Dios es un concepto demasiado manoseado como para resultarme apetecible ahora. No quiero comer eso. No quiero que me traigáis más cosas que comer, no quiero servilletas, no quiero mancharme para poder limpiarme después. No quiero nada, tan sólo un poco de silencio y -siendo caprichoso- algo de Bach".

Sólo son unos niños

-Yo nunca te pedí que faltaras al trabajo por quedarte conmigo.

-Y menos mal que no. Lo habría hecho encantado.

-¿Y qué habría sido yo para ti, eh? ¿Una excusa para no cumplir con tus obligaciones?



¿Responsabilidad? ¿Avaricia? ¿Temor a perderlo todo? ¿Ansiedad por separación inminente?



-No tiene sentido seguir hablando, no vamos a llegar a nada. Ni tú me entiendes a mí, ni yo te entiendo a ti. Es mejor que lo dejemos ahora, de una vez para todas.

-Ni de coña. ¡Tú te quedas aquí, ni se te ocurra marcharte!

-No he dicho que fuera a...




Sensación de suciedad, de impureza. Una corriente de vísceras rodando por la piel hasta el suelo, empantanando todo el campo de visión. El tacto está sobreexcitado; el paladar, reseco. Se repiten los restos de la última comida, mal digerida debido a las prisas con las que fue ingerida.




-¿No vas a dejar que me vaya, tampoco que hable? ¿Y qué esperas de mí ahora?

-¡Cállate! Estoy intentando pensar.

-¿Pensar? Pero, ¿pensar en qué?



Una buena idea sería usar iconos, pequeños gráficos explicativos para volver más intuitivo el manejo de la aplicación. La intuición es siempre más útil que la comprensión, especialmente en situaciones donde hay que resolver problemas familiares de manera rápida y precisa. No se puede entender todo, no hay por qué tratar de hacerlo. Basta con seguir adelante, dejar que los días vayan pasando y que la muerte no llegue de forma especialmente dolorosa.




-Mi tía murió entre dolores espantosos, ¿lo sabías?

-No tenía ni idea. Lo siento mucho.

-No digas eso, es una mierda de frase hecha.

-Lo siento, no se me ocurre otra cosa que decir. Yo... no puedo imaginar lo que debiste sentir. Lo siento mucho. De veras.

-Oh, cállate. Fue espantoso, pero ya ha pasado. Recuerdo su cara, la tensión, los ojos oscuros brillando como si todo el pueblo estuviera ardiendo en llamas, allí dentro. Y sus gritos, a todas horas. No sabías cuándo iban a empezar, tampoco importaba. Te hacías a la idea y la idea te volvía a golpear, un curioso proceso. Los médicos se negaban a darle más morfina porque contravenía noséqué puta ética farmacológica o algo así. Yo mismo tuve que buscarme la vida para poder darle más drogas, mantenerla ausente, hasta que finalmente nos la arrebataron. Pero así es la vida. Esa cerda tuvo su merecido, como todos.

-Dime, ¿pretendes que yo pague por ello ahora? ¿Vas a matarme en su lugar?

-No.

-¿Entonces?

-Pretendo que te quedes conmigo a verlo. Hoy vamos a ver el dolor. Vas a saber lo que es estar completamente solo y destrozado. Por una puta vez en tu vida, vas a saberlo. Mi precioso niño mimado...