Es posible que en algún lugar de mi cerebro tú no tengas una identidad completa, única e indisoluble. Tal vez se trate de varias regiones, no estoy seguro. En los sueños es cuando noto más claramente este hecho, pero a veces también cuando estoy despierto. Es una percepción difusa que emite frases, que sugiere cosas; y sólo toma forma definida cuando adivino su nombre. No obstante, ¡podría ser cualquier otra cosa! Incluso un dato revestido de figura y voz humana que asimilase tus características para mostrarse así ante mí. Nada parece tener sentido en esos momentos, cuando intento dar forma a lo que ya de antemano sospecho.
Y si esto es real, y si tú eres algo así como una entidad voluble y neblinosa que sólo toma forma y nombre cuando lo invoco... ¿es cierto que puedes trasladarte y manifestarte a voluntad más allá del umbral de mi consciencia? Debes decírmelo...
Necesito saberlo de una vez por todas, ¡o esta duda me volverá loco!
Aprovecha cualquier distracción para infiltrar el cebo, el cual será a partir de entonces el objeto obsesivo de la atención consciente mientras dura la ¿invasión? psíquica de la entidad superior, más profunda, más lejana en el tiempo y en el espacio, y que no admite aprehensión a posteriori. ¿Los síntomas? Tan sólo un cosquilleo en la parte alta del conector, a veces ni siquiera eso. Un escalofrío recorriendo las partes metálicas y provocando un picor en las orgánicas a las que dichas piezas están unidas. La necesidad de romper el propio armazón corporal en pedazos y hacer saltar las tuercas de titanio que nos tienen ensamblados hasta el fin de nuestros días. O simplemente un aumento en el volumen de ciertos pensamientos, que se tornan audibles... espantosamente audibles, pues se revelan como ya siempre presentes de antemano a cualquier intento de comprensión, aún más efectivos que cualquier idea consciente y que cualquier razonamiento a partir de datos empíricos. En todo caso, no se ha documentado ninguno de estos síntomas ni antes ni durante el proceso de ¿invasión? espiritual. Asumimos que la Presencia se torna aún más presente que la propia sombra interior, y que esto es así porque logra adueñarse de toda la capacidad de atención hasta que finaliza su tarea. Y entonces, un leve adormecimiento del foco mientras los restos de su paso que aún quedan en la memoria son borrados y se pierde, por tanto, toda posibilidad de indagar en lo que ha sucedido.
Una excelente evolución de la guerra relámpago, esta vez a nivel espiritual.
martes, 26 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario