Cada miércoles a la misma hora podéis verla sentada en el mismo banco, con la salida de audio de su reproductor de música conectada a su entrada principal y un cuaderno en su regazo. De vez en cuando escribe algunas frases, pero la mayor parte del tiempo permanece en silencio, recorriendo con la mirada la calle y la gente que le rodea. Lleva seis semanas pasando por ahí, y nunca nadie le ha preguntado quién es ni qué hace allí.
Ella sabe esperar el momento adecuado para arrojar su mirada y todo su cuerpo detrás. No tiene prisa ninguna.
La semana que viene habrá terminado su función de los miércoles y tendrá un día más para descansar.
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