jueves, 28 de mayo de 2009

La Revancha Nuclear

R. yace en un rincón de los bastidores, sentado en el suelo y con la espalda apoyada en la pared. De vez en cuando da un trago a su mini de kalimocho, mientras copia anotaciones de una libreta morada a otra roja. Paulatinamente, y desde algún lugar cercano, se va tornando audible un ruido de aplausos y vítores, y la voz del presentador, Luis Acosta (un viejo conocido de R.), cobra fuerza mientras recita su arenga a los Poetas Activistas reunidos en cónclave. R. emite un gruñido de decepción al sentirse interrumpido, guarda sus libretas, y procede a verter el contenido de su mini en una botella de plástico, guardar ésta en su mochila, e incorporarse lentamente. Con una sonrisa cínica en los labios, cruza las múltiples capas de telón granate y se infiltra discretamente entre los asistentes al mitin.


-LUIS ACOSTA: ¡...una era resplandeciente de destrucción y creación, donde el arte primará sobre todas las demás cosas! ¡Nunca antes el Vacío estuvo tan debilitado como lo está ahora, y ahora el Tedio se arrastra de vuelta a su guarida mientras nuestras huestes patrullan las calles, con sus armas en mano, portando la semilla de una nueva era de iluminación y de espíritus en guerra!


El público se deshace en aplausos. R. hojea perezosamente algunos de los flyers y carteles que adornan el viejo almacén reconvertido a teatro de variedades. Después del acto ha sido convocada una caza de datos por el centro de la ciudad, con parada en algunos abrevaderos. R. se guarda la información en un bolsillo.


-LUIS ACOSTA: No obstante, sería bastante poco cortés dejarnos llevar por el entusiasmo hasta tal punto que olvidásemos el motivo fundamental que nos ha reunido hoy aquí. ¿Y cuál es este motivo? Pues bien, damas y caballeros, no es ni más ni menos que el de honrar y homenajear el arduo pero glorioso trabajo realizado por un selecto grupo de miembros y miembras de nuestra Asociación. Estoy hablando, ni más ni menos, que de los componentes de... ¡¡¡LA REVANCHA NUCLEAR!!! Por favor, que suba al escenario Don Lorenzo, su portavoz. Pondremos esta humilde herramienta de comunicación en sus manos. Muchas gracias por su atención.


Luis hace mutis por el foro y de entre el público emerge Don Lorenzo. Es un tipo de unos treintaipocos años, de abundante barba y aspecto controladamente desaliñado. Viste con chaqueta y brillantes zapatos, y lleva consigo una abultada carpeta-maletín. El público estalla en ovaciones y, a un gesto, arroja una lluvia de flores (e incluso un sujetador al grito de: ¡Torero!) sobre él. Don Lorenzo sonríe entre dientes y saca de su carpeta un guión impreso que se dispone a leer.


-DON LORENZO: Buenas noches, caballeros, damas, entidades en general. Había preparado un discurso para ofrecer aquí, pero -en vista de la esplendorosa ovación con la cual se me ha congratulado hoy aquí- he decidido dejar las formas a un lado -¡sólo por esta noche!- y dejar paso a la espontaneidad...


Don Lorenzo rompe en pedazos, ostentosamente, el guión impreso que portaba consigo. R. levanta una ceja y sigue bebiendo, discretamente, de su botella.


-DON LORENZO: Creo que a estas alturas todos los presentes hoy aquí conocéis bien la labor desempeñada por La Revancha Nuclear durante este año. Han sido doce meses de intenso trabajo, arduas deliberaciones, penosas noches de vigilia. Nuestros pasos nos han conducido por los recovecos más oscuros de la Capital, a lo largo de las grietas más recónditas, y podemos afirmar con orgullo que hemos sobrevivido a todos los retos que se nos han ido planteando. No ha sido fácil -os lo aseguro-, pero finalmente nos hemos impuesto y sacado adelante el proyecto más ambicioso y de voluntad más firme que jamás ha sido albergado por un Colectivo Poético. La Obra Total y Definitiva con la cual honraremos vuestros cerebros hoy ha sido gestada con sangre, sudor, lágrimas y otros fluidos corporales bastante innominables (risas), nutrida delicadamente durante meses, criada y educada en una estricta y severa disciplina y, por último pero no menos importante, embellecida y publicitada por absolutamente todos los canales de difusión al alcance de nuestro público. Nunca antes había sido llevada a cabo tal campaña de publicidad, y estamos orgullosos de que todos y cada uno de los ciudadanos de esta nuestra Capital posean al menos uno, ¡aunque sólo sea uno!, de nuestros artículos de márketing en torno al concepto de esta fascinante Obra. Nuestros poetas han trabajado duramente, os lo aseguro... ¡se han ganado su sueldo con esfuerzo, no lo dudéis! Y hoy, esta noche... ¡estoy llorando de emoción, de veras! ...ha llegado el momento del tan esperadísimo preestreno de la Versión Oficial. Preparad vuestros estómagos mentales para lo que viene... ¡porque jamás habéis visto nada igual! Y ya, sin más dilación, quiero dar paso a...


El estrépito de varios vasos rompiéndose contra el suelo interrumpe el discurso de Don Lorenzo. Todas las miradas se giran hacia el lugar del desastre, y se fijan en R. -el cual permanece de pie entre los vidrios rotos, sonriendo y completamente sereno.


-DON LORENZO: (extremadamente ofendido) ¿Qué es esto? ¿Quién osa interrumpir el discurso inaugural de una velada que...?


-R.- Pido disculpas de antemano por esta poco cortés manera de introducir mis objeciones, pero considero que ha olvidado mencionar algo fundamental, señor... Lorenzo. El discurso ha estado bien, pero tiene un gravísimo fallo.


-DON LORENZO: ¡"Poco cortés" es poquísimo, caballero! Exijo una disculpa sincera por...


-R.- ¿Por un discurso carente por completo de contenido, acerca de una obra aún más vacía? No hay sinceridad alguna en sus palabras, caballero. Sus sueños están por completo vacíos.


-DON LORENZO: ¡¿Cómo se atreve?! ¡Nuestro trabajo, una obra vacía! ¡¿Pero qué se ha creído?!


-R.- Lamento profundamente haber empañado sus whiskys, porros y sueños de arte, damas y caballeros - pero se necesita algo más que misterio y márketing para crear una obra de arte. Yo le acuso públicamente a usted, Don Lorenzo, de farsante y sofista. Y le reto a duelo según las normas clásicas.


Murmullos de protesta entre el público. Algunos de los asistentes se preparan para la posible pelea que se avecina. Insensible a estas veladas amenazas, R. rompe otro vaso contra el suelo mientras Don Lorenzo, aún empapado en sudor por el calor de los focos y la estima del público, aprieta los puños y se dispone a defender a La Revancha Nuclear del ataque inminente.

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