-Yo nunca te pedí que faltaras al trabajo por quedarte conmigo.
-Y menos mal que no. Lo habría hecho encantado.
-¿Y qué habría sido yo para ti, eh? ¿Una excusa para no cumplir con tus obligaciones?
¿Responsabilidad? ¿Avaricia? ¿Temor a perderlo todo? ¿Ansiedad por separación inminente?
-No tiene sentido seguir hablando, no vamos a llegar a nada. Ni tú me entiendes a mí, ni yo te entiendo a ti. Es mejor que lo dejemos ahora, de una vez para todas.
-Ni de coña. ¡Tú te quedas aquí, ni se te ocurra marcharte!
-No he dicho que fuera a...
Sensación de suciedad, de impureza. Una corriente de vísceras rodando por la piel hasta el suelo, empantanando todo el campo de visión. El tacto está sobreexcitado; el paladar, reseco. Se repiten los restos de la última comida, mal digerida debido a las prisas con las que fue ingerida.
-¿No vas a dejar que me vaya, tampoco que hable? ¿Y qué esperas de mí ahora?
-¡Cállate! Estoy intentando pensar.
-¿Pensar? Pero, ¿pensar en qué?
Una buena idea sería usar iconos, pequeños gráficos explicativos para volver más intuitivo el manejo de la aplicación. La intuición es siempre más útil que la comprensión, especialmente en situaciones donde hay que resolver problemas familiares de manera rápida y precisa. No se puede entender todo, no hay por qué tratar de hacerlo. Basta con seguir adelante, dejar que los días vayan pasando y que la muerte no llegue de forma especialmente dolorosa.
-Mi tía murió entre dolores espantosos, ¿lo sabías?
-No tenía ni idea. Lo siento mucho.
-No digas eso, es una mierda de frase hecha.
-Lo siento, no se me ocurre otra cosa que decir. Yo... no puedo imaginar lo que debiste sentir. Lo siento mucho. De veras.
-Oh, cállate. Fue espantoso, pero ya ha pasado. Recuerdo su cara, la tensión, los ojos oscuros brillando como si todo el pueblo estuviera ardiendo en llamas, allí dentro. Y sus gritos, a todas horas. No sabías cuándo iban a empezar, tampoco importaba. Te hacías a la idea y la idea te volvía a golpear, un curioso proceso. Los médicos se negaban a darle más morfina porque contravenía noséqué puta ética farmacológica o algo así. Yo mismo tuve que buscarme la vida para poder darle más drogas, mantenerla ausente, hasta que finalmente nos la arrebataron. Pero así es la vida. Esa cerda tuvo su merecido, como todos.
-Dime, ¿pretendes que yo pague por ello ahora? ¿Vas a matarme en su lugar?
-No.
-¿Entonces?
-Pretendo que te quedes conmigo a verlo. Hoy vamos a ver el dolor. Vas a saber lo que es estar completamente solo y destrozado. Por una puta vez en tu vida, vas a saberlo. Mi precioso niño mimado...
viernes, 22 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario